viernes, 27 de marzo de 2020

¿QUÉ ES LA ESCUCHA ACTIVA?



Si miramos el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española (RAE), por “escuchar” se entiende lo siguiente:
1.    Prestar atención a lo que uno oye.
"escuchar la radio; escuchar un concierto; llevo un rato hablándote, pero no me escuchas; no está bien escuchar detrás de las puertas".
2.    Hacer caso de un consejo o aviso.
"debes escuchar los dictados de la conciencia".

Por lo tanto, es bueno que nos quedemos con “Prestar atención a lo que uno oye”.

Si volvemos a mirar el diccionario de la RAE, por “Prestar atención" dice:
1.               Aplicación voluntaria de la actividad mental o de los sentidos a un determinado estímulo u objeto mental o sensible.
2. Acto que muestra que se está atento al bienestar o seguridad de una persona o muestra respeto, cortesía o afecto hacia alguien.

Es decir, como vemos hay un acto voluntario de actividad mental ante lo que nos dicen (o mejor “nos quieren decir”) y, en la segunda definición podemos destacar tres palabras: bienestar, respeto y afecto.

Por lo tanto, podemos deducir que, por ESCUCHA ACTIVA, entendemos “un acto voluntario de actividad mental ante lo que nos quieren decir (captar el mensaje, no la literalidad de lo que nos dicen), mostrando interés, respeto, cortesía y afecto hacia quien nos comunica algo”.

Para hacer correctamente esta escucha activa podemos hacer los siguientes ejercicios:
1.    Parafrasear o resumir lo que ha dicho. Si hay partes de la conversación que nos han llamado la atención, podemos preguntarle (retroalimentación) a la persona por el significado que ella da a esas partes. Con ellos logramos que el otro se percate que le prestamos dicha atención, ampliamos la información sobre el mensaje, y damos la oportunidad al hablante de que él también se escuche.
2.    Reflejar el estado emocional. La parte más verdadera de nuestras comunicaciones son las emociones. Éstas nunca engañan. Las emociones y sentimientos son signos que nos dicen la verdad sobre cómo hemos interpretado la realidad. Por ello, es muy útil ayudar al hablante a que exprese su emocionalidad. Con esto, ayudamos a la persona a compartir la parte más íntima de su ser.
3.    Aceptar lo que el otro dice: Aceptar una comunicación, un mensaje, no implica estar de acuerdo con él, es comprender que, si nosotros fuéramos esa persona, con su forma de entender e interpretar la vida, probablemente, haríamos los mismos juicios sobre las situaciones. Por lo tanto, es muy saludable aceptar lo que expresa, aunque no se esté de acuerdo. No hay que estar de acuerdo con el otro para empatizar con él.
4.    Ayudar al otro a reelaborar esa interpretación: Cuando una persona se queda fijada en un estado emocional negativo, se queda en la parte del problema, no activa su cerebro creativo para generar una respuesta adecuada ante la situación y, por lo tanto, no está en la solución. Por ello es bueno preguntar: ¿qué podrías hacer ante esta situación? ¿sobre qué aspectos, que tú tengas control sobre ellos, puedes intervenir?

¿Qué cosas no tenemos que hacer en una escucha activa?

1.    No rechazar las emociones que el otro manifiesta. Decir a una persona que no debería sentir lo que siente es absurdo, por cuanto que así lo siente. Más bien podemos ayudarla a que se de cuenta de qué interpretaciones (normalmente irracionales) están generando esos síntomas.
2.    No juzgar. Creer que estas cosas no nos sucederían a nosotros o que estas personas tienen alguna esencia de “maldad”, “estupidez”, etc., es ponernos en posición de superioridad sobre los demás.
3.    No eres el solucionador ni el salvador del otro. La persona que tiene una dificultad es la responsable de cómo se siente y de cómo actúa, y es ella misma quien tiene que aportar el cambio de actitud necesario para modificar eso.
4.    No cortes a la persona en su expresión. Escuchar es dejar que la otra persona se manifieste, permitiendo que desahogue sus sentimientos. No estar pendiente de cuando podemos meter nuestras ideas en la conversación.
5.    No sueltes tu historia. Ahora estás en la historia del otro. No eres el “abuelo porretas”, que aprovecha cualquier situación de este tipo para contar sus batallas.
6.    No eres un consejero o recetador. Si te piden un consejo u opinión, puedes darlo, pero sé cauto y trata de que las soluciones las aporte la persona, ayúdale a que se responsabilice de su vida.
7.    No descalifiques cuando des tus opiniones ni a la persona con la que hablas, ni a aquellas de las que te puedan hablar. Esta persona te está contando su interpretación de la "película", seguro que los participantes de ella tienen más versiones. No eres un juez que aplica sentencia.
8.    No quites importancia. El valor o la importancia que está dando el sujeto a la situación puede ser desproporcionado, pero es la misma persona, reevaluando la situación, la que tiene que cambiar esa valoración.

Espero que, en este día de la escucha del Teléfono de la Esperanza, a los que agradecemos los bellos oídos que ponen a esta sociedad, os sirvan estas palabras. 

Ya sabéis lo que dijo Zenón de Citio: Tenemos dos orejas y una boca para escuchar más y hablar menos.

Un abrazo.

Juan Fernández Quesada.

jueves, 26 de marzo de 2020

EL RINCÓN DE INMA: OTROS MUNDOS



Vives en las nubes, le decían los que nunca se atrevieron siquiera a imaginarse flotando por si dolía la caída.

Los que se perdieron la fascinación de ver en primera fila un arco iris completo y nunca sabrían lo diminutos e insignificantes que parecían desde allí arriba.

Que vivía en las nubes, le repetían los que nunca descubrirían que el tiempo se para, que lo fugaz se hace eterno y que los “para siempre” quedan grabados en el mundo de la nada como estrellas milenarias.

Como a menudo las cosas no son lo que parecen, algunas tardes aprovechaba para llorar disimuladamente cuando llovía, por temor a que se rompiera el hechizo, y sus miedos se hicieran tan pesados que ninguna nube pudiera soportar su peso y la devolvieran de nuevo a una eterna caída libre.

Arrastrada por la ceguera del amor se dejó deslumbrar por el sol, por eso el día que la derritió con sus rayos dorados no sintió dolor, creyó que había llegado por fin ...al paraíso.

INMA REYERO DE BENITO

COMO LA VIDA MISMA: AVENTURAS Y DESVENTURAS DE UNA SUPUESTA INFECTADA



A mí me pasa como a la periodista del programa “21 días”, que no me gusta escribir de nada que no haya vivido en persona, así que no me iba a privar de la experiencia de ser, “supuestamente”, una de los miles de infectados por el archifamoso Covid19.

Digo “supuestamente” porque, como no me han hecho las pruebas, sigo sin saber si soy una hipocondriaca o directamente la Peste, galopando junto a los otros tres jinetes del Apocalipsis. Como mis síntomas eran diversos, pues no tenía fiebre que es una de las manifestaciones más usuales del coronavirus, ni dolor muscular como si tuviera gripe, ni mocos y estornudos propios de un catarro, ya incluso me planteé si lo que tenía no sería cuento, y el dolor de garganta, la tos seca y persistente, y los pulmones “efervescentes” (como si hubiera inhalado petazeta) no eran más que caprichos, por aquello de llamar la atención.

Lo que sí he estado es entretenida. He pasado unos momentos memorables marcando el teléfono de emergencias por Coronavirus de la Comunidad, unas 100 veces, pues me he sentido muy acompañada por la sugestiva voz del contestador que me decía dulcemente “Todos los operadores están ocupados. Llame dentro de unos minutos. No telefonee al 112, que se van a colapsar las urgencias”.

Lo único que me molesta es que me he contagiado trabajando, que no tiene ningún glamour. Me he propuesto que, al menos, la próxima pandemia me pille visitando la Muralla China o el Coliseo…

Además, hay que mirar el lado bueno de las cosas: con la diarrea he adelgazado y con la cama igual hasta he crecido, así que esta enfermedad puede ser el comienzo de mi carrera como modelo. De momento, continúo mi formación como egiptóloga, yogui, gurú, animadora sociocultural, humorista y chef, explorando nuevos horizontes profesionales para cuando pueda salir de casa. En las tres semanas que me quedan de reclusión hasta puedo sacar un máster (del Universo).

Pero lo peor es no poder arrimarme a mi marido por aquello del contagio. Un metro y medio de distancia, habitaciones separadas… ¡estamos pensando en darnos de alta en Tinder o en Meetic, para tener más contacto! Si dentro de nada tendremos que comer cada uno con su móvil (después de lo malo que han dicho que era para las relaciones familiares), para pedir por WhatsApp que nos pasen el salero. Con la mascarilla y los guantes. Y el EPI confeccionado con bolsas de basura. Y las gafas de buceo. Y el tubo, para respirar “hacia arriba”.

Pero lo bueno que tienen los virus es que, si no te matan, te curas. Gracias a Dios, a base de paracetamol, ajo y agua, después de 13 días ya puedo respirar sin demasiadas molestias ni sacar las tripas por la boca con cada tosido. Os aseguro es que un gran avance. Así que ánimo con el confinamiento, que otros lo tienen más difícil, por ejemplo, los que tienen por vecinos a aspirantes a concursar en Operación Triunfo con la autoestima demasiado alta y la garganta excesivamente potente. O los que tienen ínfulas de DJ y montan una verbena cada tarde. En conclusión, YO ME QUEDO EN CASA… Y TÚ TAMBIÉN, pero contentos porque podría ser muchísimo peor.

Ana Cristina López Viñuela

martes, 24 de marzo de 2020

POEMA DE LEÓN FELIPE - ROMERO SOLO



Romero solo
Ser en la vida romero,
romero sólo que cruza siempre por caminos nuevos.
Ser en la vida romero,
sin más oficio, sin otro nombre y sin pueblo.
Ser en la vida romero, romero…, sólo romero.
Que no hagan callo las cosas ni en el alma ni en el cuerpo,
pasar por todo una vez, una vez sólo y ligero,
ligero, siempre ligero.
Que no se acostumbre el pie a pisar el mismo suelo,
ni el tablado de la farsa, ni la losa de los templos
para que nunca recemos
como el sacristán los rezos,
ni como el cómico viejo
digamos siempre los versos.
La mano ociosa es quien tiene más fino el tacto en los dedos,
decía el príncipe Hamlet, viendo
cómo cavaba una fosa y cantaba al mismo tiempo
un sepulturero.
No sabiendo los oficios los haremos con respeto.
Para enterrar a los muertos
como debemos
cualquiera sirve, cualquiera… menos un sepulturero.
Un día todos sabemos
hacer justicia. Tan bien como el rey hebreo
la hizo Sancho el escudero
y el villano Pedro Crespo.
Que no hagan callo las cosas ni en el alma ni en el cuerpo.
Pasar por todo una vez, una vez sólo y ligero,
ligero, siempre ligero.

Sensibles a todo viento

y bajo todos los cielos,
poetas, nunca cantemos
la vida de un mismo pueblo
ni la flor de un solo huerto.
Que sean todos los pueblos
y todos los huertos nuestros.

sábado, 21 de marzo de 2020

SOLO HAY QUE AMAR


RECOMENDACIONES ANTE LA PANDEMIA DEL COLEGIO OFICIAL DE PSICÓLOGOS

Ante el contexto actual, el Colegio Oficial de la Psicología de Madrid, a través de su grupo de trabajo de Urgencias y Emergencias, quiere transmitir una serie de pautas dirigidas a la población general y de riesgo, destinadas a promover un afrontamiento psicológico adecuado.
No obstante, debido a la incertidumbre que ocasionan este tipo de situaciones, debemos prestar atención a los cuidados relacionados con la propia prevención de la transmisión, tales como las medidas de higiene, como a aquellos cuidados que tienen que ver con la salud emocional con la finalidad de reducir en la medida de lo posible situaciones de alarma que afecten a la ciudadanía.
La evolución de la situación comunicado a través de noticias y advertencias, no siempre se hace de la forma adecuada, bien por falta de rigurosidad, forma de comunicación, o sobredimensión de la misma. Esto puede influir en el estado emocional de las personas, dando lugar a conductas de alerta que se muestran poco eficaces a nivel personal y social. 
A - SI NO ESTÁ AFECTADO POR LA ENFERMEDAD
Pero está sintiendo una serie de emociones con alta intensidad y/o persistentes como:
  • Nerviosismo, agitación o tensión, con sensación de peligro inminente, y/o pánico.
  • No puede dejar de pensar en otra cosa que no sea la enfermedad, o la preocupación por enfermar.
  • Necesita estar permanentemente viendo y oyendo informaciones sobre este tema.
  • Tiene dificultad para concentrarse o interesarse por otros asuntos.
  • Le cuesta desarrollar sus labores cotidianas o realizar su trabajo adecuadamente; el miedo le paraliza y le impide salir a la calle.
  • Está en estado de alerta, analizando sus sensaciones corporales, e interpretándolas como síntomas de enfermedad, siendo los signos normales habituales.
  • Le cuesta controlar su preocupación y pregunta persistentemente a sus familiares por su estado de salud, advirtiéndoles de los graves peligros que corren cada vez que salen del domicilio.
  • Percibe un aumento del ritmo cardíaco, respiración acelerada (hiperventilación), sudoración, temblores sin causa justificada.
  • Presenta problemas para tener un sueño reparador.
LE RECOMENDAMOS QUE…
  1. Identifique pensamientos que puedan generarle malestar. Pensar constantemente en la enfermedad puede hacer que aparezcan o se acentúen síntomas que incrementen su malestar emocional.
  2. Reconozca sus emociones y acéptelas. Si es necesario, comparta su situación con las personas más cercanas a usted para encontrar la ayuda y el apoyo que necesita.
  3. Cuestiónese: busque pruebas de realidad y datos fiables. Conozca los hechos y los datos fiables que ofrecen los medios oficiales y científicos y evite información que no provenga de estas fuentes, evitando información e imágenes alarmistas.
  4. Informe a sus seres queridos de manera realista. En el caso de menores o personas especialmente vulnerables como ancianos, no les mienta y proporcióneles explicaciones veraces y adaptadas a su nivel de comprensión.
  5. Evite la sobreinformación, estar permanentemente conectado no le hará estar mejor informado y podría aumentar su sensación de riesgo y nerviosismo innecesariamente.
  6. Contraste la información que comparta. Si usa redes sociales para informarse, procure hacerlo con fuentes oficiales. 
PAUTAS Y TAREAS DE AUTOCUIDADO.
  • Mantenga una actitud optimista y objetiva. Es fuerte y capaz.
  • Lleve a cabo los hábitos adecuados y de higiene y prevención que recomienden las autoridades sanitarias.
  • Evite hablar permanentemente del tema.
  • Apóyese en su familia y amigos.
  • Ayude a su familia y amigos a mantener la calma y a tener un pensamiento adaptativo a cada situación.
  • Acuda a fuentes oficiales y busque información contrastada por expertos: Ministerio de Sanidad, Colegios Profesionales Sanitarios, Organismos Oficiales, OMS, etc.
  • No contribuya a dar difusión a bulos y noticias falsas. No alimente su miedo ni el de los demás.
  • Procure hacer vida normal y continuar con sus rutinas.
  • Tenga cuidado con las conductas de rechazo, estigma y/o discriminación. El miedo puede hacer que nos comportemos de forma impulsiva, rechazando o discriminando a ciertas personas.
B - SI PERTENECE A LA POBLACIÓN DE RIESGO SEGÚN INDICAN LAS AUTORIDADES SANITARIAS
  1. Siga las recomendaciones y medidas de prevención que determinen las autoridades sanitarias. Confíe en ellos porque saben lo que tienen que hacer. Ellos tienen los conocimientos y los medios.
  2. Infórmese de forma realista y siga las pautas emocionales del apartado A.
  3. No trivialice su riesgo para intentar evadir la sensación de miedo o aprensión a la enfermedad.
  4. Tampoco magnifique el riesgo real que tiene. Sea precavido y prudente sin alarmarse.
  5. Si le recomendaran medidas de aislamiento, tenga presente que es un escenario que puede llevarle a sentir estrés, ansiedad, soledad, frustración, aburrimiento y/o enfado, junto con sentimientos de miedo y desesperanza, cuyos efectos pueden durar o aparecer incluso posteriormente al confinamiento. Trate de mantenerse ocupado y conectado con sus seres queridos.
  6. Genere una rutina diaria y aproveche para hacer aquellas cosas que le gustan pero que habitualmente por falta de tiempo no puede realizar (leer libros, ver películas, etc.).
C - SI ESTÁ PADECIENDO LA ENFERMEDAD
Siga las recomendaciones anteriores y además:
  1. Maneje sus pensamientos intrusivos. No se ponga en lo peor anticipadamente.
  2. No se alarme innecesariamente. Sea realista. La inmensa mayoría de las personas se están curando.
  3. Cuando sienta miedo, apóyese en la experiencia que tiene en situaciones similares. Puede que ahora no lo asocie por tener percepción de mayor gravedad. Piense cuántas enfermedades ha superado en su vida con éxito. 

jueves, 19 de marzo de 2020

EL RINCÓN DE INMA: ¡FELICIDADES PAPÁ!



Por esos padres que ponen buena cara año tras año cuando les regalas la corbata, los que dan pocos consejos, buen ejemplo y caminan a tu lado, ni delante, ni detrás, los que se ponen a tu altura porque no hay sombra más alargada que la de la superioridad.

Por esos padres que te permiten volar cuando llega tu momento dejándote claro que siempre serán tú pista de aterrizaje si va mal tu vuelo.

Por los que se les empañan los ojos cuando consigues un logro y tragan saliva porque ya sabes, les dijeron que los hombres no lloran, por los que hacen de taxistas y por los que no se pierden ningún baile del colegio.

Por los que te marcan límites, te ponen hora para llegar a casa, los que se interesan por tus amistades, los que cambian pañales, los que presumen de hij@s con los amigos, juegan contigo al fútbol y a las muñecas y se esconden por la casa, siempre en el mismo sitio, para que les encuentres y darte ese susto con sabor a risas.

Por esos padres que hacen horas extras pero siempre entran por la puerta con una sonrisa agitando las llaves y diciendo: ya estoy en casa, y cenan sin el móvil mientras charláis de cómo ha ido el día y te cuentan con la energía que les queda el cuento más largo sin saltarse ninguna página.

Por los que no quieren que seas como ellos, ni como ellos no pudieron ser, sólo quieren que seas, que seas bien feliz.

Por los que olvidan los recados, se equivocan con la marca de yogures y no recuerdan ninguna fecha de cumpleaños, por esos que no quieren resolverte la vida porque saben que caerse es obligatorio y de levantarte harás un arte.

Por esos padres que con la mirada cansada te cogen la mano con su mano arrugada y sin palabras te dicen te quiero, por los que ya no vemos, pero nunca se irán de nuestro corazón mientras les recordemos.

Por esos padres que tienen que esperar a serlo cuando cae la noche y salen al balcón y miran al cielo y allí está su estrella, la más brillante, alumbrándoles el camino de la vida y susurrándoles:
¡¡¡Felicidades papá!!!

INMA REYERO DE BENITO

martes, 17 de marzo de 2020

LOS INGREDIENTES QUE APARECEN EN TODA PSICOTERAPIA



En la mayoría de las personas que acuden a consulta psicológica hay una ansiedad que surge de los esfuerzos conscientes e inconscientes por hacer frente a la vida, a la existencia.

Nos solemos encontrar principalmente con 4 ingredientes:
1)   La inevitabilidad de la muerte. Aquí no solo nos referimos a la nuestra, sino también la de nuestros seres queridos.
2)   La libertad de elegir nuestra vida. Los condicionantes que la vida nos impone con nuestros miedos a enfrentarlos.
3)   La soledad. Ese sentimiento que nos abruma, sobre todo cuando no sentimos adecuada compañía en nosotros mismos.
4)   La ausencia de un propósito o sentido de nuestra vida. Algo por lo que vivir.

Dar respuesta a estos supuestos significa curar nuestro ser, porque el problema de la vida, como decía Viktor Frankl, no es lo que nos ocurre, sino qué hacemos con lo que nos ocurre, cómo respondemos.

Decía Spinoza que “todo se esfuerza por persistir en su propio ser”. En cuanto a la muerte está el eterno conflicto entre el deseo de seguir viviendo y la realidad perceptual de que la muerte es inevitable.

Hacemos muchos ejercicios para evitar esa realidad de la muerte, pero el miedo siempre es el que acecha por las esquinas. Pero ¿cómo vamos a tener miedo a algo que no sabemos qué es? No hay miedo, hay incertidumbre, ¿qué será? Y esa, la incertidumbre es la que invade nuestra existencia. Perdemos demasiado tiempo en esa incertidumbre y, mientras, no nos ocupamos de lo que da valor a nuestra existencia.

Dice Yalom Irvin, en uno de sus libros, que en su experiencia psicoterapéutica con pacientes de cáncer hay dos creencias poderosas que les ayudan a vivir:
a)   La creencia en la singularidad personal.
b)   La fe en un salvador.

En cuanto a la primera, es la creencia de que uno es invulnerable, inviolable, que estamos más allá de la biología y del destino.

En cuanto a la segunda es la creencia de que hay un poder, una fuerza que siempre está con nosotros protegiéndonos.

Ambas creencias posibilitan un encuentro en nuestro ser de las fortalezas necesarias para afrontar todos los retos surgidos. Es, como yo llamo, “el Cristo en nosotros”. Este encuentro nos descubre unas seguridades que nunca habíamos experimentado. Realmente el poder está en nosotros.

La libertad de elegir, el segundo supuesto o ingrediente, implica responsabilidad, hacernos cargo de nosotros mismos. Este supuesto es como soltarse de la mano de mamá y decir "ya puedo ir solito". Da miedo, porque hemos estado muy habituados a que alguien nos dé esa seguridad y responda o se responsabilicen de nosotros. Sartre decía que “ser responsable es ser autor”. Somos los autores que escribimos nuestra historia y nuestro devenir. Estamos, como decía este filósofo francés, “condenados a ser libres”. Pero da tanto miedo volar sin red. Esta asunción de responsabilidad nos hace dueños de nuestros sentimientos y actos. No hay crecimiento sin esta asunción. No hay ejercicio de libertad sin esta asunción. Creer que el mundo externo es el responsable de cómo me siento y de lo que hago o no hago es meterse en el mundo de la queja, de la rumiación. Siempre hay alguien responsable de lo que nos ocurre, nunca nosotros. El paciente o cliente (que me gusta más llamarlo así) siempre crea sus problemas. No hay cambio sin asunción de responsabilidad.

Para hacerse responsables es necesaria la voluntad, es decir, el deseo o intención. La voluntad es el móvil de la acción. Hay muchas personas que tienen bloqueada la voluntad porque no saben qué sienten ni qué quieren. Yo les suelo preguntar lo que no quieren, para después, con ellos, darle la vuelta y concretar lo más posible en lo que quieren. Si no tienes deseos te conviertes en un parásito de los deseos de los demás. Hay personas que se pasan la vida pidiendo recetas para hacer y si se encuentran con salvadores propicios, están rellenando recetas todos los días.

La voluntad tiene dos etapas: el deseo, y actuar mediante una decisión. Hay personas que, aunque ya sepan qué desean, no deciden, y se quedan en la indecisión por el temor a qué se enfrentarán y si serán capaces de enfrentarlo. Dice John Gadner en su novela Grendel que “las alternativas excluyen”. Por eso, una persona que decide, sabe que tiene que renunciar a alguna de las alternativas. Cada decisión elimina o mata otras opciones. La raíz de la palabra decidir tiene que ver con la muerte, por eso, una persona que es dependiente emocional de otra y que no se libera, sabe que tiene que matar (en distancia) a la otra. Por eso, decidir, psicológicamente, es “matar al otroo a la otra opción”. Cuando nos decidimos por algo o alguien, eliminamos las otras opciones.

El tercer ingrediente, la soledad, es una realidad que nos cuesta asumir. “Yo estoy separado de los otros”. Es la ruptura de los cordones umbilicales. Es la separación que impone los cuerpos, pero también es la invitación para llegar al universo personal, sin el que no se logra el crecimiento. Imaginémonos un niño que siguiese con el cordón aferrado a su madre, ¿cómo crecería?

Hay dos soledades, la interpersonal y la intrapersonal. La primera, la interpersonal se acomete con la comunicación íntima con los demás, a nivel emocional. La intrapersonal ocurre cuando uno siente que tiene partes del Yo dividido. El Análisis Transaccional con los Estados del Yo, Padre, Adulto, Niño, nos ayuda a darnos cuenta de qué estados están en nosotros sobreponderados y qué estados hay carenciales, y hay que trabajar. Para reequilibrarse una persona, tiene que trabajar a su Padre: sus normas, valores, raíces; a su Adulto, su sentido de la realidad en el aquí y ahora, recabar información fiable para tomar decisiones y resolver problemas; y, por último, su Niño, recuperar su mundo emocional, expresarlo, manifestarlo, y disfrutarlo.

En cuanto al cuarto ingrediente, el de los propósitos y sentido o sentidos de vida. No tienen tanto que ver, como algunos autores esgrimen de ¿por qué vivo?, sino ¿para qué vivo?, lo que adquiere un carácter instrumental, práctico, de utilidad. Sócrates cuando planteaba sus tres filtros, el de la Verdad, el de la Bondad y el de la Utilidad, sabía que éste último daba consistencia a los otros dos. El sentido de la vida (o sentidos de vida, que a mí me gusta más) tiene que ver con encontrar en cada cosa que nos acontece la respuesta de ¿para qué me ha ocurrido esto? y dar dicha respuesta. Es la Vida la que nos hace preguntas y nosotros somos los que generamos respuestas. Al fin y al cabo, la Vida es eso Estímulo y Respuesta. Pero tus respuestas deben ser tuyas.

Tienes tarea para trabajar en estas vacaciones impuestas.

Espero haya sido de tu agrado.

Un abrazo.

Juan Fernández Quesada.

sábado, 14 de marzo de 2020

LA COMPASIÓN, EL SENTIMIENTO QUE NOS HACE MÁS HUMANOS



La compasión es un sentimiento que nos motiva a dirigirnos a eliminar el sufrimiento de alguien y producir algún tipo de bienestar en ese alguien.

Cuando hablamos de autocompasión nos referimos entonces a generar ese sentimiento por nosotros mismos y emprender un diálogo interior para mitigar nuestros sentimientos de vergüenza, culpabilidad o autocrítica censuradora.

Es verdad que esta palabra, compasión, en español, tiene unas connotaciones negativas. Ahora me viene a la cabeza la canción de Los Payos, Compasión, en la que dice: “Compasión no quiero, quiero amor sincero”, dándole un sentido de menosprecio hacia alguien a quien vemos sufrir. Pues bien, el verdadero sentido de la palabra compasión, no lleva implícito ningún sentimiento de menosprecio hacia el otro, más bien, de amor, comprensión, cercanía y disposición a ayudar.

Este sentimiento tiene un componente muy beneficioso en el mundo relacional de los seres, evita las críticas y autocríticas destructivas, y minimiza los sentimientos de vergüenza e inferioridad de las personas.

Como vemos, por lo tanto, este sentimiento tiene tres componentes diferenciales:
El componente emocional que se activa cuando percibimos a un ser (estímulo) en condiciones de dolor o de estar sufriendo, provocándonos un impulso a actuar y a tratar de paliar ese dolor ajeno.
El componente conductual, que incluye no solo la acción a corregir o mitigar ese dolor, sino también el compromiso y la decisión de realizar todo tipo de acciones en esa dirección.
El componente cognitivo, en el que se implican nuestras creencias y valores acerca de los demás, de la vida: la solidaridad, el amor, la justicia, el compromiso, la tolerancia, etc., y también la atención a ese dolor ajeno y la interpretación y evaluación de ese dolor ajeno, o propio (en el caso de la autocompasión), y la evaluación de nuestras competencias o aptitudes para abordar ese dolor en ese momento.

Es bueno diferenciar siempre este sentimiento de compasión de la empatía y de la simpatía. Empatía es la capacidad de entender la conducta y los sentimientos de los demás, por lo que hay un componente cognitivo importante o de comprensión del sufrimiento del otro, pero en la compasión vamos más allá, ya que no sólo comprendemos al otro, sino que, además, genera un impulso a querer mitigar o hacer desaparecer ese dolor o sufrimiento. En la simpatía hacemos ejercicio de sentir de forma similar lo que el otro puede estar sintiendo, con lo cual nos sentimos dolidos con él, pero, de nuevo, en la compasión no nos quedamos solo en el sentimiento.

También podemos diferenciar en cuanto a nosotros la autoestima de la autocompasión. Nuestra autoestima mejora cuando hacemos las cosas bien o mejor, la autocompasión tiene que ver con cómo nos tratamos cuando las cosas no van de la forma que deseamos.

Por lo tanto, en síntesis, para sentir compasión hemos de comprender al otro, poniéndonos en contacto con nuestros valores personales, sentir empatía, simpatía, y actuar para sacar a ese ser de ese dolor o sufrimiento.

Si quieres mejorar en compasión, no te quedes sólo en comprender intelectualmente (empatía) y en sentir lo que posiblemente está sintiendo el otro (simpatía), realiza conductas de ayuda a paliar o eliminar ese dolor de otros. Pueden ser conductas de apoyo, de valoración, afectivas, de análisis de la situación personal, de apoyo en la toma de decisiones, etc.

Un cordial saludo.

Juan Fernández Quesada

viernes, 13 de marzo de 2020

EL RINCÓN DE INMA: QUÉDATE EN CASA_COVID-19, CORONAVIRUS



El mundo occidental llevaba años gritando que necesitaba tiempo, este sistema de producir para acumular parecía insostenible, pero es muy difícil salir de una rueda gigante que gira y gira contigo dentro, con todas tus ilusiones, con todas las cosas que te dijeron necesitabas para ser feliz y que sí o sí están ahí dentro.

Y como a veces los sueños se cumplen ante esta plegaria masiva de necesidad de tiempo llegó el covid-19, coronavirus…

Empezó como poca cosa, una gripe común que afecta a los chinos, a las personas mayores, población de riesgo, nos daba hasta la risa.
Pero la cosa se fue complicando, el coronavirus llegó a España, la curva de contagios empezó a crecer exponencialmente y el problema no es que su tasa de mortalidad sea alta si no que no hay suficientes recursos para cubrir la demanda sanitaria.

Ahí es donde entramos nosotros en juego, nosotros, tú y yo, que le echamos la culpa al gobierno, a los médicos, al cambio climático, siempre echando balones fuera,nos toca ser responsables por nosotros y por los demás.

Y nos tenemos que hacer preguntas, ¿me gusta la situación? no, ¿la puedo evitar? no...pues entonces, si las cosas son como son intentar llevar la situación lo mejor posible es lo más inteligente, puro sentido común.

No se trata de volverse loc@, basta con:
-lavarse las manos frecuentemente, sin obsesionarse, simple higiene.
-si tosemos protegemos la boca con el codo.
-evitar aglomeraciones y el mayor tiempo posible quedarse en casa.

Es buen momento para practicar la aceptación, ante una situación que no podemos cambiar vamos a poner en juego nuestra actitud para sumar e incluso salir reforzados porque recuerda que crisis significa desafío, oportunidad, es un buen momento para desarrollar nuestra creatividad y buscar soluciones, además como todo en esta vida no olvides que también pasará.

Para las personas que se sienten solas también hay buenas noticias, hay muy pocas posibilidades de que se contagien, ¡sí!, hay que seguir utilizando el sentido del humor, desdramaticemos.

Quédate en casa ¿qué es lo peor que puede pasarte? ¿que tengas que estar contigo mism@? te vendrá genial, te lo aseguro, ¿que tengas que relacionarte con tu familia? dales una oportunidad, igual son maj@s.

Haz una lista de esas cosas que siempre querías hacer y no hacías por falta de tiempo y empieza a realizarlas, ¡!!no...viajar no vale!!!

Si tienes que ir a un supermercado o al hospital, sé amable, sonríe, pide las cosas por favor, da las gracias y ya puestos podemos mantener el hábito todo el año.

Como intento transmitiros cada vez junto letras siempre hay dos lecturas, puedes decir:
-coronavirus: qué mierda, no puedo hacer nada, vamos a morir todos, voy a estar sol@, no hay ni papel higiénico….
-coronavirus: tiempo para mí, momento para poner en práctica la paciencia, la tolerancia a la frustración, mis valores como persona responsable, revisar mis creencias sobre el miedo, la soledad, reflexionar sobre si realmente necesito ir todo el día a carreras para ser feliz, tiempo para ver esa peli, leer ese libro, darse ese baño relajante con música, velas...

Las dos son correctas, tu sabrás cual te va mejor porque al final, como siempre, tú eliges.

INMA REYERO DE BENITO

jueves, 5 de marzo de 2020

EL RINCÓN DE INMA: QUÉ BONITA TE VES CUANDO TE SIENTES LIBRE SIENDO MUJER



Qué bonita te ves cuando no escondes tus cicatrices porque son la señal de que estuviste allí y te superaste y saliste más fuerte, más sabia, con la lección aprendida y las alas extendidas porque no, claro que no, nunca hubo jaula, tú pusiste los barrotes...y ahora vas y te marchas.

Qué bonita te ves cuando te cuidas y no te sientes mal por ello, ya, ya sé que te contaron que eso no estaba bien, que no serías buena persona, que tenías que aguantar, ser fuerte, complaciente y sobre todo muy sumisa, tanto que prácticamente dejaras de existir o lo hicieras sólo cuando a ellos les interesará, eso sí...todo era por tu bien, hacer lo correcto, lo que se espera de ti, a pesar de ti.

Qué bonita te ves cuando no repites cada día el mismo capítulo de tu vida, si no que te pones uno nuevo, otra temporada, incluso eres capaz de cambiar hasta de serie.

Qué bonita te ves cuando dejas atrás los límites, cuando crees en ti, te pillas poniéndote esas viejas excusas y te ríes a carcajadas porque hace tiempo que eres responsable de tu vida y ya no te las crees …que no ¿¡qué!? mira cómo lo hago...y vas y lo haces.

Qué bonita te ves cuando te emocionas y lloras delante de quien sea, cuando te muestras vulnerable y pides ayuda porque es cierto, no lo sabes todo y seguramente hoy tampoco sea tu mejor día.

Qué bonita te ves cuando sabes que no es imprescindible, pero le prefieres y sabes que no existe la media naranja pero juntos sois más que dos y sabes que vas a arrastrar a tu corazón a tu enésima locura.

Qué bonita te ves cuando te tiemblan las piernas y tienes un nudo en el estómago pero...vas y lo haces.

Qué bonita te ves cuando descubres que las cosas son como son y no esperas nada de nadie, y miras atrás y ves de dónde vienes y cambias lo que no te gusta, ya no eres princesa, ni sueñas con príncipes, si pierdes un zapato vas y te compras otro par o caminas descalza durante el tiempo que sea necesario, mientras inventas una nueva danza.

Qué bonita te ves cuando el miedo es sólo una palabra en un diccionario empolvado que hace tiempo dejaste de leer.

INMA REYERO DE BENITO