martes, 25 de enero de 2022

EL RINCÓN DE INMA - BUCLES

 


Suena la alarma,

las alarmas saltan,

te asaltan las dudas,

dudas y vuelven las voces,

voces que susurran: no puedes,

no puedes, no, no puedes.

 

Puedes hacerte un ovillo redondo,

redondo para rodar muy lejos,

lejos a otro momento,

momento que detenga el tiempo,

tiempo que sea tuyo.

Tú. Yo. Contigo puedes.

 

Puedes acallar a tu mente,

mente demente en su bucle,

en su bucle de abismos,

abismos por los que caes,

caes como en las pesadillas,

pesadillas que conviertes en sueños,

sueños de colores,

colores de otros mundos,

mundos sin alarmas.

 

INMA REYERO DE BENITO

lunes, 17 de enero de 2022

COMO EL MURMULLO DE LAS OLAS

 


Así, como el murmullo de las olas percibo yo la vida: misterio en las profundidades marinas, aventuras por doquier.

 

     Por un lado, me gusta ser osada, arriesgar, por otro, ser precavida y usar espacios limitantes para que ninguna persona alcance a dañarme. Me agrada disfrutar de la brisa marina, de los deportes náuticos; ante una tormenta comprobar su intensidad, divisar el oleaje, apreciar los precipicios. Las zonas rocosas son muy apreciadas ante mi mirada, cuando las rozan los pies me suelen lastimar cual herida en mi alma, esa que aún curada se refleja en una cicatriz marcando un antes y un después en este " impredecible" viaje.

 

     No tengo habilidad con la brújula, sostengo una en mis manos señalo un destino. Tengo 4 posibilidades: norte, sur, este, y oeste. En el momento en el que elijo una estoy desechando las demás; soy dueña del destino en cierta manera, no hay probabilidad de volver atrás, la decisión una vez tomada me marcará, asumir el fracaso, si se produjese, es una parte de la elección con la que contaré.

 

     Empiezo a navegar, descubro una libertad, no ausente de dificultades, aun así me agrada el desafío, ese desafío al que  no podía enfrentarme hace décadas.

 

     Ahora estoy yo conmigo misma, descubriéndome, aceptándome como soy, no quiero depender del exterior, si estoy a cargo de mi persona no me asusta la soledad porque no existe.

 

     Ahí tengo preparado mi salvavidas, un anclaje al que recurriré cuando el desánimo me perturbe, este anclaje me reforzará interiormente, al dibujar satisfacción en mi cara, me animará a proseguir el viaje.

 

     Yo dirijo el timón, ese que me llevará a buen puerto: Sentirme plena y feliz.

 

ANA ROSA GUTIÉRREZ ÁLVAREZ

sábado, 8 de enero de 2022

EL RINCÓN DE INMA - Y con esto y un bizcocho...

 


Esto debe ser una broma de mal gusto y pésimo olor. Que alguien me explique qué hago hecho una bola dentro de un cubo, entre cáscaras de langostinos, restos de lechazo y chorreando salsa rosa.

 

Vale que mi vida no era muy apasionante cuando pasaba la mayor parte del día bostezando en el pasillo menos transitado del supermercado. Sólo me divertía cuando conseguía llamar la atención de algún niño, casi siempre me empuñaban y agitaban en el aire como una espada, hasta que una voz adulta les gritaba:

deja de hacer el tonto, ¿no ves que tengo prisa?

 

Así pasaron muchos días y más de trescientas noches hasta esa tarde. Había algo especial en el ambiente, mucho bullicio, en los altavoces los peces bebían y bebían y volvían a beber cuando una pareja se fijó en mí.

   —¡Este es perfecto! —dijo la mujer emocionada.

   —Pues ese mismo, para lo que va a durar… —contestó el hombre sin interés.

 

Y ahí me vi, en un carro de la compra rodeado de un montón de artículos que tachaban de una lista interminable. Me cambiaron varias veces de sitio, las señales de que era un estorbo se sucedían. La cajera que les recordó no olvidarme. Todavía me pregunto cómo no supe verlo y huir a tiempo.

 

Todo fue demasiado rápido en realidad; del carro al piso menos tres del parking, y al coche, y al ascensor, y de ahí a casa. Me apoyaron detrás de una puerta. Otra señal. Ser muy enrollado jugaba en mi contra. Respiré.

 

Pasaron unas horas hasta que me propuse explorar el territorio, pero perdí el equilibrio y acabé en el suelo. En ese momento unas manos infantiles me arrastraron a su habitación donde un montón de muñecos hacían de público y me convertí en un palo de hockey, después en el catalejo de un pirata aventurero y también en una flauta bastante desafinada.

 

Con tanto movimiento acabé agotado debajo de la cama. Seguro que me quedé dormido y ahí aprovecharon para cortarme, doblarme y pegarme con celofán a una caja. Hasta me pusieron un nombre: Manolito. Yo creo que el Manolito debía ser el jefe de la tribu, porque era el centro de atención y todos se reían con sus monerías, yo también, pero eso duraría poco.

 

Seguí sin entender nada cuando me metieron en un saco con más cajas y un señor gordo con barba nos puso debajo de un árbol decorado y lleno de luces. Traté de pasar todo lo desapercibido posible para un papel precioso, brillante y multicolor como yo.

 

Del resto de la noche ya no recuerdo más, me debí de marear de dolor al sentir como ese niño que parecía poseído me rasgaba y me rasgaba gritando: ¡Lo que me pedí, lo que me pedí!

 

INMA REYERO DE BENITO

martes, 4 de enero de 2022

COMO LA VIDA MISMA – EL JUEGO DE LOS PROPÓSITOS

 


Resulta que no es una metáfora decir que “la vida es un juego”, como he podido comprobar jugando al June´s Journey, tratando de encontrar los objetos ocultos en una escena.

 

Este juego de móvil incluye una modalidad llamada reveladoramente “Arrasa con todo”, que consiste en cinco rondas diferentes, distribuidas en 45 niveles. Los premios se van acumulando conforme aumenta la dificultad, pero sólo se reciben cuando se ha finalizado una ronda y se llega a un “punto de control”. Si no logras alcanzar los objetivos en el tiempo establecido, retrocedes al comienzo de la fase en que te encuentras, perdiendo todo lo logrado hasta entonces. Cuando estás en el nivel 33 y te encuentras de nuevo en el 22, a falta de un solo objeto por encontrar, te da una rabia loca. Tienes que volver a acumular “tiques” que te permitan volver a intentarlo, siempre con el riesgo de recaer en el último momento. Es tan decepcionante que a veces olvido que ya he afianzado dos rondas y no estoy, ni de lejos, en el mismo lugar en el que comencé. Y que ya he disfrutado de varias recompensas.

 

El parecido con la vida resulta sorprendente. Ahora que están de moda los propósitos de año nuevo, recordemos los que nos planteamos al comienzo de 2021. Tal vez los acogimos con muchas ganas en enero, en febrero nos desanimamos un poco, en marzo perdimos gas, en julio los retomamos con renovada energía, nos desinflamos en septiembre y, ahora, en enero de 2022, nos recriminamos que no los hemos conseguido. Por ejemplo, yo me propuse practicar yoga. Después de seguir unas cuantas sesiones por internet, me apunté en un centro (pero no el 1 de enero, sino en noviembre) y he faltado a algunas clases (a veces por necesidad y otras por pereza). No puedo trazar una muesca en el cabecero de la cama y decir “objetivo logrado”, pero ya he adquirido un hábito bueno para mí, que este año me va a resultar más fácil de mantener.

La zona de confort es como una muralla medieval: parece imponente e inamovible, y cuesta traspasar sus límites tanto para entrar como para salir, pero conforme crece la población se acaba agrandando su contorno con ampliaciones, se abren nuevas puertas o incluso es derribada, por la propia expansión de la ciudad o por los enemigos externos. De igual manera, un objetivo a primera vista muy  ambicioso o incluso “imposible”, cuando se concreta y se le va dando forma real, con hechos acumulados, deja de ser inalcanzable.

 

Safiye, una de las protagonistas de la serie Inocentes, no era capaz de salir de su casa debido a un trastorno psicológico. Por amor a Naci y con mucha paciencia, logró quedar con él dentro del edificio, luego salir al exterior, más tarde consiguió cruzar la calle, ir a lugares cercanos… en progresión lenta pero constante. Con temor, esfuerzo, recaídas… pero hasta que no perdió la ilusión de estar con su amado, fue siempre ganando en libertad y seguridad en sí misma. ¡Ojalá no perdamos nosotros la esperanza de nuevos horizontes, que nos animen a limar los barrotes que nos mantienen  presos en la cárcel del miedo!

 

No hay ningún niño al que le falten ideas para escribir la carta de los Reyes Magos, pero abundamos los adultos que no tenemos ocurrencias y parece que ya nada nos hace ilusión. Dejemos que nuestro niño interior nos diga cuáles son sus deseos y ¡a por ellos! Todo es posible para el que cree. Sigue tu rastro de luz y juega a cumplir tus sueños, sin desanimarte porque tus planes no salen a la primera o de la forma que habías previsto.

 

Ana Cristina López Viñuela

 

sábado, 1 de enero de 2022

EJERCITANDO EL ÓRGANO DEL CEREBRO

 

  


 

      Un paseo en solitario es una oportunidad para recibir estímulos que nos pueden relajar o inspirar, y como consecuencia para hacer balance de este tiempo Navideño.

 

      Así afloran las ideas desordenadas, se interrelacionan entre sí, y luchan por aparecer metódicamente.

 

      Lentamente ha pasado por mi recuerdo, una especie de película de algunos momentos navideños vividos. Atrás queda la inocencia de la creencia en los Reyes Magos con sus humildes regalos, que llegaban con la mayor expectación a mi vida.

 

     Vienen a mi mente escenas como la de mi abuela materna, dando golpes en la mesa de la cocina con el gancho de la lumbre, simulando las 12 campanadas (la televisión no había hecho aparición en casa), aquellas sopas de ajo o el chocolate que con tanto esmero hacía.

 

     Agradezco tenerla en aquel momento, con aquella iniciativa, estando mi madre ingresada en el hospital.

 

     Cómo olvidar la sensación de alegría con la que colocó aquel parchís con cuerpo de cristal, en el poyete de la ventana, el cual acabó hecho añicos.

 

     Ella me animaba a limpiar los zapatos, y a sacarles un brillo inaudito (cosa que ella hacía habitualmente), pero aquella noche me tocaba a mi dedicarme por entero  a la consecución de pulcritud y un brillo increíble.

 

     O aquella Navidad, en la que mi madre solo existía en nuestros corazones, mi familia decidió no venir a pasar estas fechas con nosotros. ¿Por qué juzgarles? Estoy aprendiendo a no hacerlo. Cada uno tiene sus argumentos. Para ciertas personas aceptar desgracias resulta una meta insalvable. Otro aprendizaje para mí añadido.

 

      Ahora reconozco que en aquellas melancólicas Fiestas Navideñas, me encontré a mi misma. Había preparado un menú un poquito especial, mi padre al no venir el resto de la familia, decidió cenar un plato exprés y se acostó. Aquella noche no estaba sola, pero me sentí muy sola. Hoy analizando el hecho, reconozco que en la misma situación tendría coraje y valor para saber que siempre me tengo a mi misma.

 

      Existe en la actualidad una felicidad en cierto modo encubierta, disfrazada, no genuina como la de antaño, sin intentar generalizar, desde el momento en el que buscamos la dicha en el exterior: objetos, personas, acontecimientos, ...y no pensamos, en que brote desde nuestro niño interior.

 

     Me gustaría fluir, brindar por la FELICIDAD, que cuando no se busca, aparece.

 

     La siguiente frase, figuraba en una marquesina, y me la envió un amigo: "SOLO UN NACIMIENTO HA CAMBIADO EL RUMBO DE LA HISTORIA. Y NO ES EL TUYO".

 

ANA ROSA GUTIÉRREZ ÁLVAREZ