domingo, 31 de julio de 2022

UN MODELO DE RESILIENCIA (CASO 2) (PARTE 1)

 



ANNA FERRER: EL SENTIDO DE LO POSITIVO

Cuando nos planteamos escribir este libro, quisimos entrevistar a personas resilientes, pero también pensamos en analizar organizaciones resilientes, y la Fundación Vicente Ferrer nos pareció que cumplía claramente los principios de este tipo de organizaciones.

No ha sido fácil conseguir las palabras de la compañera de Vicente Ferrer, pero gracias al apoyo de muchos voluntarios de la asociación en España, finalmente tenemos las declaraciones de Anna Ferrer, presidenta y directora ejecutiva de la Fundación Vicente Ferrer.

La Fundación Vicente Ferrer es una ONG de desarrollo comprometida con el proceso de transformación en una de las zonas más pobres y necesitadas de la India, del estado de Andhra Pradesh y de algunas de las comunidades más desfavorecidas y excluidas del sistema de castas indio.

La fundación es una organización humanista fundamentada en la filosofía de la acción. Con su forma de pensar y actuar, Vicente Ferrer fue capaz de transmitir su compromiso para erradicar las desigualdades y movilizar las conciencias, a la vez que involucraba a las personas en su propio cambio. Su forma de entender el desarrollo ha dado lugar a un modelo ejemplar en el campo de la cooperación.

Vicente (9/04/1920-19/06/2009) y Anna Ferrer (1947) se conocieron en 1968 durante una entrevista. Unidos por un compromiso común de lucha y por la defensa de los más desfavorecidos, se instalaron en Anantapur y crearon la Fundación Vicente Ferrer. Desde entonces no ha cejado en su empeño de construir una sociedad más justa y humanitaria. Vicente y Anna enseñan a través del ejemplo. Esta es su gran lección.

Su temperamento aventurero le llevó a emprender un largo viaje desde su Inglaterra natal hasta la India, donde decidió instalarse para terminar sus estudios. Ella nos lo cuenta en su entrevista.

¿Qué es para ti la resiliencia?

Para mí la resiliencia es cuando crees firmemente en ti y en lo que estás haciendo. Cuando crees en ti mismo y en lo que estás haciendo y aparecen obstáculos y dificultades, tienes la capacidad para luchar contra todo.

Yo dejé Inglaterra cuando era muy joven, con 16 años, para hacer un viaje por India con mi hermano y su familia.

Inteligente, capacitada y extremadamente concienciada con la situación de la mujer en la India, Anna ha sido, y sigue siendo, uno de los pilares básicos de la Fundación Vicente Ferrer, y su voz se ha alzado alta y firme para reivindicar los dere c hos de las mujeres dalits (Las mujeres dalit o intocables viven principalmente en Asia del Sur, en países como Bangladés, India, Nepal, Pakistán y Sri Lanka. Las mujers dalit hacen frente a mayores desafíos que las mujeres en castas superiores de estos países. Es más probable que sean pobres, sin educación y socialmente marginadas. Son llamadas también esclavas de los esclavos).

De hecho, yo soy una persona que se plantea la vida tal y como viene. Una persona que no se obceca con los problemas que tiene que afrontar en el camino. Esto hizo que, cuando era joven, dejase mi país y me fuera a uno nuevo, a uno totalmente diferente. Para mí, aquello, fue una decisión fácil. Fui a aquel país y fui feliz.

La misma naturaleza de adaptación a diferentes culturas y costumbres hizo posible que me estableciera felizmente en la India cuando era muy joven.

El hecho de ser una persona que se adpata con facilidad a las diferentes situaciones, compasiva, ha hecho que el cambio y la acomodación a diferentes culturas y costumbres fuera fácil para mí, así como plantar cara a los problemas y dificultades cuando llegan.

Después de unos años, cuando conocí a Vicente Ferrer, decidí espontáneamente ir con él para luchar contra la pobreza.

¿Cuál es la situación más difícil que te ha tocado vivir?

La situación más difícil de mi vida y en mi trabajo tuvo lugar en los años setenta, en 1973 y 1974, cuando el administrador de nuestro distrito quiso actuar en contra de los intereses de Vicente Ferrer y de toda la organización.

El citado administrador usó todo lo que estaba a su alcance, y fuera de su alcance, para deshacerse de nosotros, para expulsarnos del país. Quería acabar con nuestro trabajo, arrestarnos, meternos en la cárcel durante dos años.

Ese fue uno de los momentos más difíciles, no solo a nivel personal, sino también para la fundación.

¿Cómo saliste de esa situación?

Creyendo en el trabajo que estábamos haciendo para luchar contra la extrema pobreza en Anantapur.

¿En qué cambiaste después de vivir aquella etapa dura?

Aunque pienso que no hay nada imposible, es factible vencer lo que parece imposible o muy difícil de superar creyendo en ti mismo y en la causa por la que está luchando.

Cuando tienes que luchar contra un obstáculo muy grande y lo vences o tienes éxito en ello, te conviertes en una persona muy positiva. Eso hace que creas que, si algo es muy importante para la gente con la que es estás trabajando, no hay nada imposible de conseguir.

En el caso de volver a vivir una situación parecida ¿volverías a actuar del mismo modo?

Si ocurriera la misma situación de nuevo, la abordaría de la misma manera, ya que tenemos mucha experiencia en luchar contra muchos problemas y dificultades. Ese momento de acoso por parte del administrador de la región fue uno de los más dramáticos para nosotros, pero no fue el único. Nos hemos encontrado con muchas dificultades que hemos superado siempre con positivismo y entusiasmo.

¿En qué te ha ayudado todo lo vivido, todo lo que has aprendido en el camino?

Después de pasar cada problema y luchar para superar cada obstáculo y dificultad siempre hemos acabado más fuertes que antes.


sábado, 30 de julio de 2022

UN CASO DE RESILIENCIA (CASO 1) (PARTE 5 Y ÚLTIMA)

 



Has hablado de lo importante que es el apoyo de la gente, pero me da la impresión de que hay que ayudarles a que te ayuden, ¿no? ¿Cómo haces tú para que te ayuden?

Mira, cuando volví a Madrid, durante la quimio, sin pelo, reuní a todo mi equipo de Canal+ y les dije: “Chicos, esta es mi situación. No voy a dejar de trabajar en ningún momento, que lo sepáis, pero me voy a cansar mucho más de lo normal porque cuando hago cien metros, se me pone a 180 pulsaciones el corazón. Nos vamos a reír, miradme sin peluca, voy a engordar muchísimo. Sigo siendo el de siempre, pero físicamente me vais a ver un poco cambiado. Por favor, no quiero compasión ninguna, ninguna en absoluto. Lo que quiero es que me deis la misma caña que siempre. Sigo siendo la misma persona. Lo que estoy pasando es temporal y lo liquidaré yo mismo”. Y seguimos haciendo el mismo trabajo como si no pasase nada. Pero les pones al tanto, no les dejas que se imaginen cosas a partir de rumores, porque entonces tú mismo, te estás creando una barrera y estás alejando a la gente de ti, mientras que de esta forma estás integrado como siempre. Tienes que buscar la proximidad con la gente; y con tu familia lo mismo. Les das explicaciones y no dejas que la gente te compadezca ni te ignore. Así buscas su apoyo.

Esta resiliencia que tú has demostrado, incluso desde niño, ¿hasta qué punto se puede aprender? Piensa no ya en casos de enfermedades o traumas físicos, sino de depresión, de problemas psicológicos…

Mi padre era una persona con mucha ambición, muy próspero, muy optimista, jovial, muy buen vividor, y de repente se viene abajo porque se da cuenta de que su hermano mayor no era como él había pensado toda su vida -recto, honrado- y, además, le había estado engañando. Mi padre fue educado en la tradición judía, en la que te enseñan a respetar a tu hermano mayor, y mi padre no solamente le respetaba, sino que le ponía de ejemplo tantas y tantas veces… ¡Fue extremadamente duro para él! Nunca se repuso de eso, y a partir de entonces mi padre se encerró en sí mismo y está totalmente desconectado del mundo ahora mismo. Se sienta a esperar el final del día. Y está así día tras día, por más que le sacudo. Recuerdo que ya hace años le decía para hacerle reaccionar: “papá, si te llega a pasar lo que me ha pasado a mí, ¿cómo hubieses actuado?”. Y no me respondía. Muy muy triste para todos nosotros.

Yo pienso que el apoyo de tu entorno, el que tú no te sientas externo a un círculo, eso es fundamental y quizá sea lo que falla en mi padre. Es como si se hubiera bajado del tren y hubiera dejado que el tren siga. Está sentado fuera. Ha dejado que el mundo pase sin que él esté dentro durante veinte años. Hay que evitar esto. A la gente hay que decirle: “métete aquí, dentro, pelea por estar aquí dentro, no hagas que la fuerza centrífuga te eche para fuera”.

El cáncer le costó una pierna, pero no le quitó la vida ni la sonrisa (ver vídeo):

https://youtu.be/s37XaxyneC8

 

viernes, 29 de julio de 2022

UN CASO DE RESILIENCIA (CASO 1) (PARTE 4)

 



Este es un punto que tiene que ver con algo que hablábamos antes. Es muy difícil, o parece difícil, que la gente aprenda de tu experiencia, porque hay cosas que son muy personales. ¿Tú en algún momento has ayudado a otras personas por razón de enfermedad, del paro o de cualquier otra adversidad?

En tres situaciones difíciles. Una difícil, y dos muy difíciles. La primera, una amiga que me llama y me dice: “a mi padre le van a amputar la pierna, está desesperado. Por favor, Larry, ¿podrías ir a visitarle al hospital y contarle que la vida no cambia tanto?”. “Ningún problema”, le dije. Y fui. Yo no conocía al padre de mi amiga, y ahí estaban los dos. Les saludo y digo: “perdone un momento”. Me senté. Él no sabía que yo estaba amputado, cogí y me quité la pierna. La puse de lado. “¿Me notaste que tenía pierna ortopédica?”, pregunté. El tío se quedó alucinado y, bueno, al poco tiempo de amputarse, estaba jugando al golf. Creo que le habré ayudado porque él estaba desesperado al cambiar su vida radicalmente y cuando me vio llegar sin saber que estaba amputado, y luego vio que lo estaba, le ayudó bastante. Luego me lo dijo. Desgraciadamente el pobre hombre tuvo un infarto y ya no está entre nosotros.

Segundo caso: una situación muy dramática. Después del 11-M (los atentados en varios trenes de Madrid del 11 de marzo de 2004), me llamaron para ver si podía ir al Hospital Gregorio Marañón para ayudar a los amputados a entender la situación en la que estaban. Y Ahí me ves, saliendo de la oficina trajeado, ir al hospital. Me meten en la UVI y, bueno, yo no sé cómo no me desmayé. Lo que vi allí fue tremendo, es decir, esa gente aún no estaba preparada para hablar con nadie. Esa gente estaba en coma, la mayoría. Y los miembros eran miembros que habían sido destrozados. Fue muy, muy difícil. Volví a los tres días, cuando ya se podía hablar con ellos, pero mi situación y la suya no tenían absolutamente nada que ver. Estaban de camino al trabajo tan tranquilos y se despiertan, después de varios días destrozados. No logré transmitirles nada porque no estaban preparados para ello.

Y la tercera situación. Otra amiga que me llama, porque un amigo suyo al que le encantaba la moto y que la cogía muy poco, se fue con ella a trabajar un día que tenía el coche averiado, le dio un coche y le cortaron las dos piernas. Estaba desesperado. Fui a hablar con él. Se puso dos prótesis. Nos hicimos amigos. Le dediqué mucho tiempo para ayudarle, a pesar del tremendo trauma, a imaginar que su vida no cambiaría tanto si su cabeza quería que fuese así.

¿Cómo transmites estas cualidades de resiliencia que están dentro de ti por tu forma de ser? ¿Cómo puedes entresacar de ellos mensajes o realidades que puedan ayudar a otros?

Yo explico que de repente tú ves una piedra en el camino o un agujero delante de ti y piensas: “Dios mío, me voy a caer y no va a quedar nada”. Y ves la típica imagen de que la piedra la empujas hacia un lado o te tienes que alejar del agujero. ¿Y qué necesitas para hacerlo? Pues necesitas, por una parte, interesar a la gente de alrededor tuyo, tienes que tener cosas que te atraigan hacia fuera, porque si estás solo y si no le importas a nadie en el mundo, te alejas y dices: “que sea lo que Dios quiera”. Pero si tienes familia, tienes amigos, tienes un trabajo que te interese, todo eso son cosas que te alejan del agujero o que te dan fuerza para apartar esa piedra del camino (LOS SENTIDOS DE  VIDA). Y eso es lo que intento transmitir a la gente: “busca lo positivo en tu vida, seguro que tienes gente que te quiere, que disfrutas con tu trabajo”.

Yo, ahora mismo, estoy en paro, me he marchado de Blackberry, ya no quería más porque me estaba aburriendo. Como te dije antes, mi vida ha cambiado muchísimo a raíz de las historias que he tenido y no quiero desperdiciar el tiempo. Por lo tanto, cuando ya no puedo aportar nada donde estoy y no me aporta nada a mí, pues me busco otra cosa.

Ahora mismo, con toda la ilusión del mundo, estoy montando empresas, cruzando los dedos y diciendo: “bueno, pues espero que me salga bien”. Y si no, unos dicen: “Dios proveerá”; y yo digo: “pues no sé, me buscaré otra cosa”. No me imagino que llegue una situación extrema que diga: “¿Dios mío, qué es lo que he hecho?”. Pues nada, tengo el apoyo de Virginia; tengo un hijo que está trabajando y ya no es una carga; el otro está terminando de estudiar. Ahora me lo puedo permitir. Pero hay que ver las cosas con ilusión. La vida o la vives intensamente o estás desperdiciando una cosa maravillosa. Y lo que intento inculcar a la gente es que cuando están en lo más bajo, deben ver lo maravilloso que es lo que tienen.

Irene Villa, con quien tengo una relación desde hace muchos años, estaba en una silla de ruedas y no podía ponerse una prótesis de una amputación por encima de la rodilla en una pierna, y por debajo en la otra pierna, porque no soporta la silicona y, por lo tanto, no se podía poner una prótesis y estaba anclada a su silla de ruedas. Un día me llama y me dice: “oye Larry, va a venir un especialista, que es el inventor de unas prótesis dentales que acaba de inventar el mismo proceso para amputados de miembros inferiores y quiere dar una charla. Tú que hablas varios idiomas, ¿te importaría estar presente y hacer traducción simultánea?”. Y entonces fui y le empecé a explicar de qué se trataba haciendo traducción simultánea. Estaba Irene en la conferencia también. Hubo muchas preguntas. El proceso es complicado y largo, lleva un año, pero ella vio allí una puerta abierta a levantarse de la silla. Se fue a Suecia -estuvo un año y pico allí-, donde le implantaron una tuerca en el hueso. Cuando cicatrizó la tuerca, le pusieron un tornillo. Luego dejaron que todo esto se consolidase y después empezó a cargar poco a poco con la pierna y todo esto. Ahora es campeona minusválida de esquí, con medallas. He hablado últimamente con ella. Estaba embarazada cuando me vino a ver otra vez, entonces con un bastón, porque, claro, se desequilibra un poco. Recordemos que tiene dos piernas ortopédicas. Me decía que le encanta esquiar, y yo decía: “pero ¿te la juegas por hacer un deporte que te encanta? ¿Te juegas que se te pueda romper más el hueso?”. Y ella dice: “es que si no, Larry, me siento tan mal…”. La entendí perfectamente. Es que es igual que yo. Hay deportes que no me han apasionado, como volver a esquiar con mi pierna ortopédica, pero cuando juego al pádel, hasta me tiro. Me acuerdo en una final de pádel donde nadie sabía que tenía una pierna ortopédica y en una de estas, como el sudor hizo que la pierna se girara un poco, me tuve que parar, quitarme la pierna y recolocármela. Y tú ves a los contrarios, que se quedaron de piedra, vinieron hacia mí y me dijeron: “¿pero esto qué es? ¿estamos jugando contra un amputado y perdiendo?”. Y perdieron el partido. Pues oye, tienes que tener objetivos, tienes que tener pasiones y yo soy una persona apasionada.

Seguiremos en próximos días con esta bella historia de resiliencia.

jueves, 28 de julio de 2022

UN CASO DE RESILIENCIA (CASO 1) (PARTE 3)

 



Seguro que te contrataron por eso (ja, ja). Desde la amputación, que han pasado ya doce años, habrás tenido, como todo el mundo, tus momentos profesionales altos y bajos. Durante los doce años posteriores a este acto tan importante, ¿la vida te ha sonreído siempre y nunca has tenido que tirar de esta resiliencia que tienen personas como tú?

Cuando salgo de Airtel para amputarme, no estoy mucho tiempo en paro, porque me contrata Siemens a pesar de estar todavía sin pierna ortopédica. Al cabo de un año y medio no me acabo de adaptar bien a la cultura de Siemens, me salgo y me meto en una empresa israelí. Yo nunca he escondido el tema de mi pierna. Me contratan y me pongo a viajar por todo el mundo sin ningún tipo de problema, pero la burbuja de las telecomunicaciones revienta y tengo que cerrar esa empresa y me encuentro durante otros ocho meses en paro.

Vale, eso es una situación que la gente ve como muy traumática también porque tú tenías a tus hijos aún adolescentes, ¿no?

Lo pasas mal porque mi sector de actividad es el de las telecomunicaciones, afectado en su totalidad por la crisis. Tras ocho meses en paro, me contrata RIM (Balackberry) para montar la empresa en España. Me quedaban en la cuenta 850 euros y el drama que eso puede suponer para respirar y vivir es tremendo.

Yo creo que en esos ocho meses sí que me ayudaron las cosas que me habían ido fortaleciendo en lo del cáncer y la pierna. Esa máscara de la que hablábamos antes, que ya se convierte en uno mismo, me la volví a poner y otra vez a tirar de la familia, a la que digo: “eh, un minuto, frenad un poco los gastos porque no hay ingresos”. Y bueno, justo antes de Blackberry, encontré un trabajo donde me requerían para hacer algo de lo que yo no tenía ni idea, pagado cinco veces menos de lo que solía yo ingresar, pero bueno, más vale dar un salto para detrás y recomponerte que estar preguntándote: “¿de qué vivo?”. No lo cogí al final porque tuve la suerte de que antes de empezar en esta empresa, RIM-Blackberry viniera a buscarme. Posiblemente viajé más que en toda mi vida. Estuve viajando durante casi seis años, un promedio de entre tres y cuatro día todas las semanas por el mundo entero, tan lejos como Sudáfrica o India. Y el tema de mi perna, bueno, sí, hay momentos en que te duele, hay momentos en que el miembro fantasma vuelve y te empiezan los dolores de una pierna que no existe, y coges y te masajeas una parte que es metálica, pero tu cerebro sigue buscando una pierna que ya no existe.

¿Tienes alguna cosa que contra que tú, ahora, a posteriori digas: “hombre habría hecho las cosas de manera distinta; ahora, con la visión que tengo, podría haber hecho otra cosa”?

La mayor estupidez que hice por soberbia fue darme de baja, dimitir de Airtel para amputarme la pierna.

Y ahora, tantos años después, ¿por qué? Quiero decir, ahora, contándomelo a mí, dime, ¿cuál fue la razón? Antes has dicho que fue la soberbia.

Por un lado está el sentido del deber: a mí no me parecía correcto cobrar una nómina sin aportar nada a la empresa.

Forma parte de la educación que cada uno hemos recibido y me parecía que era coger un dinero que no me había ganado. Si estás solo, actúas de una cierta forma, pero si tienes una familia que mantener y que no hay ninguna garantía…. Si hubieran sido tres meses, pero fueron ocho meses de baja.

Cuando me encontraba en lo más hondo de la depresión -porque estuve realmente deprimido en la segunda amputación (que no podía levantarme de los dolores que tenía)-, estaba un día en la cama y vinieron un grupo de jóvenes que yo había contratado cuando estaba en Canal+, de 22 o 23 años, y que luego, cuando entré en Airtel, se vinieron conmigo. De repente se compincharon con mi mujer -yo no sabía nada- y aparecieron una tarde en mi casa, uno de Bilbao, dos de Barcelona, de Santiago de Compostela, de valencia, de Sevilla… Todos aparecieron en mi casa, me vistieron y me sacaron de casa. Era el estreno de la película Le dîner des cons (La cena de los idiotas), y montamos un grupo que hoy, muchos años después, sigue existiendo, y nos vemos cada seis meses. Me sacaron a cenar. El día que te pasa eso, dices: “oye, mira, me doy de baja médica porque no puedo más; voy a ir a que me amputen la pierna”. Y haría lo que todo el mundo hace en las empresas, y es que estás de baja médica, cobrando lo que te corresponde cobrar, y cuando ya estás bien, te reincorporas a la empresa.

De joven ya eras un tío simpático, optimista, que hacías reír, querido por todos, no sé si también un poco alocado. ¿En algún momento eso te ha ayudado a que tu vida sea mejor?

Sí. Recuerdo un accidente que tuve a los 13 años, casi me mato al tirarme a una piscina con poca agua y darme en la cabeza, todo por impresionar a una chica, por cierto.

Siempre he sido muy impulsivo, y eso lo voy a ser hasta que me muera. Creo que todo lo que me ha pasado, ese optimismo y esa forma de ser como un niño, muchas veces me permite superar cosas que como un adulto no hubiese superado. Un adulto actúa como un adulto, un niño es más inmune a ciertas cosas, te imaginas otras distintas. Y yo muchas veces creo que soy un niño grande. Por eso no sé qué puede suceder, pero prefiero jugar esa baza de niño pequeño porque hago que mi entorno baje la tensión a otro nivel. Hago que la gente se sienta más en confianza al ponerme a un nivel diferente del que debería estar. Recuerdo a mis padres cuando les oía hablar como adultos. Con mi edad actual les veo como personas mayores y yo no me siento como una persona mayor. A mí me pones con niños y en cinco minutos estoy fusionado con ellos. Creo que eso ayuda muchísimo. Ayuda mucho el no tomarse en serio. Es muy importante saber cuáles son las cosas importantes, pero no tomarse demasiado en serio porque si no, no vas a actuar de una forma que te pueda proteger o inmunizar contra otra serie de agresiones. Aquí, es cierto que la enfermedad es una enfermedad muy grave, si te dicen que tienes este tipo de cáncer, que has estado un año y medio con el cáncer, que no se ha hecho nada al respecto, y que seguramente estés invadido por todas partes, lo que te puede entrar es una depresión inmediata. Y es muy difícil luchar contra una enfermedad si estás deprimido. La lucha la tienes que hacer con un optimismo muy grande. Cuando volví de París sin pelo, me puse a trabajar en Canal+ y me dijeron que la quimioterapia hace adelgazar mucho y que eso es un mal signo. Que tenía que intentar no adelgazar. Me hinchaba a comer chocolatinas. Había una máquina de chocolatinas en Canal+ y me acuerdo que todos los días me tomaba un Mars. Me puse gordo con la cortisona y todo. Y el primer día que fui sin pelo, me acuerdo que reuní a todo mi equipo, era verano, y tenía la peluca torcida. Se empezaron a reír y dije: “esperad nos vamos a reír todos juntos”. Me quité la peluca, nos volvimos a reír y me la volví a colocar torcida. No te tomes tan en serio las cosas, porque cortas también a la gente y creas distancias. A mí no me gusta crear distancias. Creo que me he protegido obteniendo el apoyo de la gente. Para mí ha sido fundamental el apoyo y cariño de familiares, amigos y equipo de trabajo, y lo he buscado mucho a través de la proximidad para evitar crear barreras, no buscando que la gente me compadezca, no, sino que la gente me apoye. Que cuando me viesen decaído, me metiesen caña para que fuese como tenía que ser. La verdad, creo que ese juego al que he jugado de forma posiblemente voluntaria, y a veces involuntaria, me ha ayudado enormemente.

Seguiremos en próximos días con esta bella historia de resiliencia.

 

miércoles, 27 de julio de 2022

UN CASO DE RESILIENCIA (CASO 1) (PARTE 2)

 



Es interesante que, en aquella comida, tu futuro jefe no te hiciera el menor comentario simpatizando o compadeciéndose por lo de la pierna.

En absoluto. De hecho, su actitud puede chocar, pero yo agradezco que fuera así. Me acuerdo perfectamente de esa comida, fue en el No-Do, era invierno, hacía frío y yo llegué pensando: “de verdad, no sé de qué vamos a hablar”. Y de pronto me dice: “¿estás preparado para mañana?”. Yo creo que me estaba testando para ver si estaba listo para entrar. Y bueno, luego tuve la entrevista en Munich con varios directivos de allí, y al final me dice el presidente de móviles: “ok. Conforme de que entres con nosotros. ¿Cuándo puedes empezar?”. Y le digo: “mire, si me da una semana para que la pierna me encaje bien y que pueda caminar un poco mejor, hecho”. Y me contrataron.

Hay una cosa que me interesa de esto. A raíz de tu situación, nos estás contando cosas sobre la imagen que dabas a la gente de fuera y otras que te afectaban a ti internamente, como tus dudas y tus problemas. Puede haber gente que, ante una situación similar, no salga de ella y se hunda. ¿Qué marca la diferencia contigo, qué te hizo salir de ello, superarlo?

Cuando empezaron los dolores en la pierna durante un partido de squash, cuando me torcí el tobillo y, a raíz de esa torcedura, se me hinchaba cada poco, cuando se hizo cada vez más frecuente ese dolor -esto era en el año 1989 (yo tenía 34 años)-, fui a ver a un conocido traumatólogo. Me hizo toda la analítica posible y, a pesar de ser un gran médico, se equivocó totalmente en la interpretación de esa analítica. Durante un año y medio me tuvo yendo cada dos meses a su consulta (empeorando constantemente mi situación, cada vez más dolorosa), y lo que estaban haciendo era infiltrarme para quitarme esos dolores y enseñarme a caminar con muletas. De repente, un día decide hacer una biopsia, me meten en quirófano, abren y encuentran ahí un bulto, lo analizan y me dicen: “dentro de quince días tengo la analítica”.

Cuando iba a ir a la consulta, me llama su enfermera y me dice: “perdón, pero no vengas a la consulta. Es que no sé, se han extraviado los resultados, así que, si no te importa, te vienes dentro de diez días”. Lo vi muy mal, no sé. Yo estaba en la oficina trabajando como director de ventas de Canal+ y me dio un shock. Pensé: “aquí pasa algo”. Intento hablar con mi amigo el médico y no logro localizarle. Pasan los días y llega el día de la consulta. Y teníamos ese mismo día la celebración del quinto aniversario del canal+. Tenía a todo mi equipo de España aquí y les dejo un momento diciendo: “me voy un momento a ver a alguien, vuelvo en un rato”. Y me voy solo. Cojo mi coche, me voy a la consulta de mi amigo, entro en su despacho y no tengo tiempo de sentarme. Estoy caminando hacia la silla cuando va mi amigo y, sin levantar los ojos de la mesa, me dice: “Larry, me he equivocado en el diagnóstico, tienes un cáncer y date prisa porque esto va muy rápido”. Y de repente lo vi todo negro. Tú no te puedes imaginar la sensación que te da en un momento dado cuando te dicen que te estás muriendo. Me senté y me dio todo vueltas. No hablé más. Me levanté, me puse a llorar, me metí en el coche, no sé cómo fue, me bajé del coche, me metí en un taxi, me fui a casa y, cuando llegué, se lo dije a Virginia. Y fue horrible, es lo peor que le puede pasar a alguien.

Nos sentamos a oscuras Virginia y yo, los dos llorando. Yo diciéndole que nuestros hijos eran muy pequeños, uno tenía dos años y el otro 4. Inmediatamente Virginia mostró una fuerza impresionante; cogió el teléfono y llamó a sus padres, que tienen muchas relaciones con médicos en su país de origen, Francia. Inmediatamente llamaron al centro especializado en este tipo de cáncer en Francia y obtuvieron una cita para mí tres días más tarde. Claro, tenía que decirlo a la familia, y entonces cito a mi padre a la salida de Canal+ al día siguiente. Yo me voy a trabajar, viene mi padre, le recojo.

Recojo a mi padre y me dice: “¿qué pasa?”. Y entonces se lo cuento. Mi padre se queda de piedra. Le digo: “no se lo cuentes a mamá, pero acompáñame a París”. Y entonces nos vamos Virginia, mi padre y yo a París y, mira por donde, en París descubres quién es quién en tu vida. Vamos a ver al médico y lo primero que hace es ratificar el diagnóstico que habían hecho en España. “Por favor, ¿me puede conseguir lo que le han hecho en España para que lo veamos y lo comparemos?”, me dice. Llamo al traumatólogo de Madrid y no sé qué pasó, parece que no encontraban mi expediente. Allí, en la clínica de París, decidieron crear un comité para analizar mi caso. Me tuvieron que rehacer todos los exámenes otra vez y, efectivamente, tenía un cáncer muy raro que se había originado en el tobillo, pero que no era un osteosarcoma. Había entrado en el hueso, se estaba comiendo la pierna, pero era un linfoma extranodal, y me dice: “mire, tiene como mínimo 80% de posibilidades de salir adelante”. Cuando te dicen esto, en realidad te están diciendo: “lucha para estar en ese 80%, no te vas a quedar en el 20%”. Y lo que tienes delante de ti es una imagen. No te puedes imaginar la fuerza que me dio en ese momento el ser padre de dos niños pequeños. Y cuando volví de París, donde empecé la quimioterapia, me quedé sin pelo, claro, y me compré una peluca. Mis hijos de 4 y 2 años me ven con el pelo diferente y les cuento que estoy enfermo. Entonces me quito la peluca, vienen hacia mí, me tocan la cabeza y dice: “pero papá, sigues igual de guapo que siempre”. De verdad, hay momentos impresionantes cuando tienes esta enfermedad. Cada vez que iba a la quimioterapia en París, había gente que ya no estaba, de la que yo había encontrado en mis anteriores tratamientos. Y las enfermeras me decían siempre: “es que hay gente que está sola en este proceso y que decide abandonar”. También hay momentos fantásticos, como ver cómo Virginia, que es una persona que siempre ha temido mucho a la enfermedad, se enfrenta a mi enfermedad. Cuando me veía flaquear, me decía que no tenía derecho a flaquear.

Cuando me dijeron que todo iba bien y que habían terminado los ciclos de quimioterapia, el médico me dijo: “Larry, esto va genial, vamos a seguir con la quimio”. Eso te da un miedo tremendo, porque te dices: si todo va bien, ¿por qué seguimos? Cuando ves a un médico cuchichear viendo unos análisis tuyos, inmediatamente te imaginas que lo que te está diciendo no es cierto, que te estás yendo. Cuando te hacen un escáner o un TAC y te llaman a casa para decirte: “hay algo que no hemos visto bien y tenemos que repetirlo; venga mañana”, no duermes en toda la noche. Lo que me ha tirado para adelante es la familia que he tenido. Mi madre, con una vela encendida hasta que se me curó la enfermedad. Todos los días encendía la vela, todos. Cuando se enteró mi madre, fue un momento muy, muy duro. Luchas por salir adelante, por la gente que te quiere más que por ti mismo.

Yo he luchado por el apoyo de mis hijos, por el apoyo de mi familia, por el apoyo de todo el mundo, y sabes que si sales adelante es para demostrarles que no vas a salir para quedarte sentado en una silla de ruedas, que puedes luchar. Cuando me puse la pierna, dejé asombrados a los protésicos y al médico porque en cuestión de quince días ya estaba caminando. Y si tú me ves caminar hoy… La gente no sabe que tengo una pierna ortopédica.

Ya, eso es una cosa que comentan todos lo que te conocen. Tú transmitías en esos días el optimismo que tenías con respecto a estas cosas. Un optimismo motivado por las relaciones con la familia. ¿esto era una actuación para todos los demás, empezando por tus seres queridos, para que no sufrieran? ¿Era simplemente una fachada o iba más allá? ¿Había otro Larry por detrás, y te ponías la máscara del optimismo?

Buena pregunta. Efectivamente, todo empieza por jugar un rol y luego o acabas creyéndotelo o es muy difícil salir adelante. Los malos momentos eran por la noche. Cuando estás solo contigo mismo, cuando estás viajando, te estás haciendo la quimio, y estás solo, y te metes en la cama en un hotel por la noche, apagas la luz y ves todo negro. Es muy difícil dormir y pensar en cualquier otra cosa que no sea la muerte. Cuando te duele cualquier parte del cuerpo, no hay otra enfermedad que el cáncer. Yo he estado allí, en la parte más baja, después de la amputación, cuando tres meses más tarde tienes que volver al quirófano para que te corten otro trozo y vuelves a vivirlo todo de golpe. Te aseguro que me he arrastrado en la parte más baja, como cuando ves los números rojos en tu cuenta bancaria, porque has dimitido y, por lo tanto, no tienes ni siquiera el paro; cuando la Seguridad Social no te deja salir de España para amputarte y te dicen: “usted está de baja médica y no tiene derecho a salir de la Comunidad de Madrid”. Te aseguro que juegas un rol que tienes que jugar porque ante tu familia, tu mujer y tus hijos tienes que dar un aspecto de fuerza. Luego te vas empapando de ello y te dices: “la única forma de seguir adelante es seguir luchando, y no pensando: “qué mal estoy, Dios mío, y mañana puede ser peor”. Bueno, pues mañana puede ser peor, pero mañana volverás a levantarte. Y tú te vas creyendo ese rol.

Incluso antes de que te pasara esto, tú eras una persona más bien positiva y optimista, es decir, no cambiaste de repente y te volviste así en ese momento. Pero imagino que algo habrá cambiado. Cuando en 2002 pasó esto, la parte más traumática, recondujiste tu carrera en Siemens. ¿Has cambiado en algo? ¿Has aprendido algo?

Sí cambié, en una cosa: saber jerarquizar las situaciones y plantearme que la vida hay que vivirla muy intensamente. Me conoces, soy optimista, pero me convertido también en una persona no solo optimista, sino alegre, y me gusta hacer reír a la gente, y me gusta trabajar y que la gente trabaje a gusto y bien. Es decir, todo lo puedes hacer a regañadientes, con presión o riéndote con la gente. Yo he tenido cargos directivos, pero nunca he tirado de galones, he hecho que la gente trabaje como piensa que tiene que trabajar, sacando lo mejor de sí misma. Y al final, si tú compartes con la gente una forma de optimismo, te aseguro que obtienes lo mejor de cada uno. Eso es lo que he aprendido. Yo he visto que todo se me podía acabar. Y cuando ya me quito de encima el cáncer, cuando te dan esa alegría y vuelves a caer porque te quitan una pierna, dices: “¿ahora qué va a pasar?”. Entonces ves que la pierna ortopédica la encajas bien y que puedes salir adelante con ella y nadie se da cuenta de esto, y que puedes volver a jugar al padel, al tenis, manejar una vida totalmente normal.

Cuando me amputaron la pierna, me quitaron el permiso de conducir, porque lógicamente es la pierna derecha y no podía conducir como una persona normal. Pero yo me compré un juego de ordenador con pedal de freno y acelerador y el volante, y una simulación de conducir y me puse a aprender a conducir con un juego de simulación. Y cuando estuve listo, fui a Tráfico y dije: “quiero pasar el permiso de conducir normal”. Y me dijeron: “usted necesita un coche adaptado”. “Nooo -dije, mi vida profesional me obliga a alquilar coches permanentemente. No me obliguen a cambiar mi forma de trabajar porque me hacen la pascua”. Entonces me dijeron: “usted no va a poder”. Dije: “deje que se lo demuestre”. Y dijeron: “bueno, pero va a venir alguien de Sanidad cuando pase el permiso de conducir”. Y contesté: “sin ningún problema”. En el coche estaba yo conduciendo, el examinador de Tráfico a mi lado y detrás el responsable de Sanidad. Y salimos con el coche automático. Al cabo de tres minutos se miran el uno al otro y me dice: “¿pero usted tiene pierna ortopédica?”. Y dije: “sí”, y me aprobaron. Eso sí, me dijeron que debía renovar cada dos años, lo cual me parece ridículo, y que “no olvidara conducir siempre con la prótesis”, a lo que respondí: “pues hombre, está claro, porque sin la prótesis no llego a los pedales”. Pero bueno, lo que ha quedado de todo esto es que si quieres, puedes. Quizá tendría que haber adaptado el coche, que es lo que la gente suele hacer cuando te amputan la pierna derecha, pero yo en mi vida alquilo muchos coches y, si no puedo alquilar coches, ya no voy a poder seguir haciendo el trabajo que quiero.

Es decir, te planteas objetivos, que no siempre son numéricos. Son objetivos de alcanzar metas. Para mí eso era lo importante: que mi vida siguiese como había sido antes. Y si tú les preguntas a mis hijos, a mi familia, a mi mujer, “¿ha cambiado algo desde que le amputaron la pierna a Larry?”, te van a decir que nada de nada. Mi vida personal siguió progresando sin que se enterase nadie. Han tenido la ventaja las empresas de contratar a una persona que tiene un 33% de discapacidad y, por lo tanto, se ahorran un dinero.

Seguiremos en próximos días con esta bella historia de resiliencia.


lunes, 25 de julio de 2022

UN CASO DE RESILIENCIA (CASO 1) (PARTE 1)

 



Os animo a que leáis el libro de Pilar Gómez-Acebo y Otros, titulado Resiliencia, Gestión del Naufragio, de editorial LID.

Este primer caso tiene a continuación un vídeo corto de la propia persona que es entrevistada en el libro.

SI QUIERES, PUEDES (LARRY BENSADON)

Larry Bensadon es un directivo y empresario del sector de las telecomunicaciones, conocido por haber sido el responsable comercial de lanzar en España varios productos tecnológicos que hoy consideramos esenciales: la televisión de pago (Canal +), el teléfono móvil (Airtel) y el correo en movilidad (Blackberry), entre otros.

Cuando tenía 16 años, un accidente doméstico le causó una lesión de columna que supuestamente le dejaría parapléjico en pocos años; él no aceptó este diagnóstico, se dedicó a buscar alternativas y finalmente consiguió recuperarse sin perder movilidad alguna. Esta experiencia forjó su carácter resiliente y le permitió años más tarde superar un cáncer linfático que a punto estuvo de costarle la vida. Al final solo le costó una pierna, pero Larry nunca dejó que eso le influyera; a lo largo de veinte años, desarrolló una exitosa carrera de directivo internacional viajando sin parar. Solo sus allegados sabían que llevaba una pierna artificial. Su resiliencia y optimismo contagioso le han hecho ayudar a otros a superar circunstancias negativas.

Podrías identificar en tu vida alguna experiencia de la que pienses: “esta es la que me parece más difícil, más complicada”, pensar en ella y contarnos algo. ¿Cómo saliste adelante?

Posiblemente la más grave, la más difícil, fue cuando tuve que tomar la decisión de amputarme la pierna. Porque claro, cuando te detectan un cáncer, tú lo que ves inmediatamente es un agujero delante de ti. Y entonces es una lucha de o todo o nada; sin no sobrevives, se acabó todo. Pero cuando una persona como yo, dinámica -me gusta el deporte y mi trabajo siempre ha sido viajar por el mundo entero-, se planeta que tiene que quitarse la pierna de encima porque está podrida y duele horrores, entonces me digo: “¿qué va a ser de mí, personal y profesionalmente, sin una pierna, cuando yo, de verdad, me muevo muchísimo?”. Entonces, tomé la decisión de quitármela porque no podía más de los dolores, pero realmente me costó.

¿No te parecía que estuvieras haciendo lo correcto?

Creo que estaba haciendo lo correcto porque no podía seguir viviendo con dolor permanentemente: me estaba amargando la vida, estaba estropeando mi relación con mi entorno. Cuando estás con dolor todo el tiempo, te aseguro que cambias tu carácter, cambias tu forma de ser. Claro, la amputación no fue una amputación traumática como cuando tienes un accidente y te despiertas del accidente sin pierna. No, no. Fue muy meditada. Fui a ver a muchos médicos antes de tomar la decisión de con quien iba a hacerlo y por dónde cortar la pierna. Y cuando ya me metí en el quirófano, posiblemente el recuerdo más horroroso que pasé antes de la opreaicón fue estar con mi mujer sentado, esperando a que te llamen para la amputación, y de repente suena el teléfono. Estábamos los dos solos. Cojo el teléfono y es la enfermera del quirófano que me dice: “Sr. Bensadon, una pregunta que es importante: ¿tiene usted certificado de defunción”. Y yo me pongo blando. Y me dice mi mujer: “¿qué te pasa?”. Digo: “me está pidiendo el certificado de defunción”. Y entonces me dice la enfermera: “Perdone, perdone, de defunción para la pierna, porque la pierna hay que darla de baja”. Y digo: “ah, bueno, bueno, gracias. Pero, señorita, ¿usted cree que es el momento de pedirme esto cuando dentro de quince minutos voy a estar en el quirófano?”. “Ah, bueno, perdone, pero es que es necesario el certificado”. Y yo, pues claro, me puse a reír en ese momento, porque me imaginaba… Sabes que para los judíos no se pueden incinerar los miembros. El rabino tenía que venir a llevarse la pierna congelada parea enterrarla en el cementerio. Y me puse a reír solo de pensar esto, y fue probablemente mi último recuerdo, antes de dormirme y despertar sin pierna.

Pero de verdad, el momento en el que te piden un certificado de defunción, y que de repente te dices: “Dios mío, es tan peligroso que puedo morir”, y te dicen: “no, no. Es por la pierna”, entonces te das cuenta realmente que te vas a deshacer de una parte de tu cuerpo, que si esa parte de tu cuerpo la encuentra alguien, tiene que estar ligada a algo. Y ese algo es un documento, ¿no? Luego, encima, la amputación fue mal, y fue muy mal porque yo hice una tontería, una tontería profesional grande en el sentido de que como ya tomé la decisión de amputarme a causa de los dolores, no quise seguir trabajando de director de ventas en Airtel, hoy Vodafone, porque me parecía injusto cobrar una nómina estando de baja; y entonces dimití de Airtel. Y dimití sin más. Y dije: “bueno, me voy, porque ya no me apetece seguir trabajando aquí”. Y pensé que iba a estar de baja tres meses nada más. Es lo que me habían dicho los médicos.

¿Qué edad tenías?

Pues mira, fue en el año 2000, o sea, quítame trece años, tenía 44. El caso es que el médico que amputó lo hizo mal. Lo importante era cortar por debajo de la rodilla para que hubiera hueco para poner después una prótesis muy funcional que no me restase mucha capacidad a mi vida. Y el médico, un especialista, se equivocó y me dejó demasiado hueso o demasiada poca carne, y eso no cicatriza. Y cada semana tenía que volver al hospital para que intentasen cicatrizar esto, haciéndolo sangrar, para ver si con la sangre… Un horror. Y al cabo de un mes y medio empieza la gangrena, y entonces me dice el médico: “tienes que volver a quirófano, tengo que volver a amputar”. ¿Tú sabes lo que es un posoperatorio traumático ya de por sí, y que se prolonga con dolores espantosos, no solo con el dolor del miembro fantasma, que te recompone la pierna, con los dolores que tienes? Que es la razón por la que te has amputado. Es decir, esos dolores siguen existiendo, aunque no exista la pierna. A unas personas estos dolores les duran mucho y a otros menos, o van disminuyendo, el caso es que a mí me duraron bastante tiempo. Además de esos dolores, más dolores por la falta de cicatrización, y la gangrena que empieza a instalarse. Vuelta al quirófano, vuelta a amputar un trozo más de hueso. Gracias a Dios que al final quedó suficiente hueso para poder poner una prótesis, lo mínimo para ponerla.

¿Cuánto tiempo duró todo eso?

Bueno, las dos operaciones unos tres meses, pero, claro, en vez de tres meses de baja, fueron ocho. Los fondos económicos que tenía se agotaron al cabo de tres meses o cuatro. Y tuve que ponerme a buscar trabajo sin pierna, puesto que tenía que empezar a cicatrizar antes de ponerme la prótesis. En esa época existía una empresa llamada Retevisión con la que negocié para dar cursos de formación a toda su red de distribución por España. Y me ves viajando con una mochila y sin pierna, con dos muletas, por toda España dando cursos de formación. Porque no tenía un duro.

Antes estabas contando que esta decisión tenías que tomarla, por una parte, porque con los dolores ya no había opción. Pero, por otra parte, no estabas tranquilo por cómo iba a afectar esto a tu futuro profesional y personal. ¿Puedes explicarnos esto?

Yo tenía entonces dos niños pequeños. Mi sueldo era el único ingreso en mi familia. Debía seguir teniendo puestos de dirección relevantes que me permitieran ganarme bien la vida. Me decía: “ahora estoy en el paro; estoy de baja médica; me amputan una pierna. Cuando me vuelva a levantar, ¿en qué estado me levantaré para buscar trabajo?”. ¿Tú sabes la cantidad de puntos de interrogación que se te plantean, a la vez que dices: “Me tengo que recuperar”. Porque recuperarte físicamente es una cosa, pero luego, vuelta al mercado profesional con un miembro menos. Mira, cuando me llamaron de Siemens para hacerme una entrevista, yo hablé con ellos por teléfono a través de un cazatalentos y les dije: “oye, chicos, que estoy buscando trabajo, sí, pero estoy convaleciente ahora mismo de una amputación de la pierna”. Y me dijeron: “ya bueno, pero te quieren ver de todas maneras”. Y fui a una comida con quien luego se convertiría en mi jefe, Luis Dueñas. Y lógicamente fui sin pierna, con mis muletas y con el pantalón doblado como un recién amputado. Comimos juntos y durante la comida me hizo muchas preguntas, lógico. Al final de la comida me dice: “hoy estamos a viernes. ¿Te atreves a ir mañana a Munich y tener una entrevista con el presidente de móviles de Siemens para que me ratifique en mi decisión?”. Y yo le digo: “pero Luis, ¿has visto cómo estoy?”. Y dice: “pero me estás demostrando que con o sin pierna, a ti te da igual. Tu ves un futuro claro y tiras p’adelante”. Y digo: “sí”. Y él: “¿entonces mañana a Munich?”. Y digo: “pues oye, vale”. Lo más divertido de la historiade este viaje es que, como era pleno invierno, yo me voy con un abrigo gordo, con un traje de chaqueta y con mis muletas. Empezaba a tener la pierna, pero no podía apoyarme. Me dolía demasiado. Entonces me ves viajando en avión y luego en tren en Munich, ¡con un calor que hacía en Munich!, yo con abrigo, bufanda y todo, sudando la gota gorda. Pero no me lo podía quitar porque tenía las muletas, y yo me decía: “¿qué hago yo aquí pasando por esto?”. El caso es que me dieron el trabajo y empecé a trabajar en Siemens, a pesar de todo.

Por lo tanto, yo creo que puedes mostrar a la gente tu estado de ánimo. Independientemente de tu estado físico. Si tú tienes claro qué es lo que quieres y qué es lo que tienes que hacer, la gente reconoce que tu situación temporal es una situación temporal y la obvia. Por lo tanto, todo el mundo sabía que era pasajero que yo no tuviera pierna y como lo que estaban buscando era un directivo para llevar toda la unidad de móviles fijos e inalámbricos en Siemens, el que en ese momento me faltara una parte de mi cuerpo daba igual, porque sabían perfectamente que en poco tiempo iba a estar entero y podría trabajar perfectamente. Es como coger un determinado problema y quitarlo de la mesa de conversación, no existe.

Seguiremos en próximos días con esta bella historia de resiliencia.

viernes, 8 de julio de 2022

REFLEXIONES PARA AYUDARTE A VIVIR LA VIDA (1) - Reflexión 1 - Pasa todo por el tamiz del Amor:

 


La familia humana está en peligro, pero este peligro nos ayuda a cambiar. Estamos muchos con la renovada determinación de ser mejores personas, más tolerantes, más pacíficos, más pacientes, más flexibles, más amables, más considerados, más comprometidos. Guerrear contra mí y contra los demás, la Vida o Dios, no funciona. Tomar decisiones que solo sirven para un rato, tampoco sirve. Para conseguirlo me han dado la clave: "Céntrate en un solo pensamiento: Pasa todo por el tamiz del Amor". 


JUAN FERNÁNDEZ QUESADA (DE SU LIBRO: REFLEXIONES PARA AYUDARTE A VIVIR LA VIDA (1) ED. CÍRCULO ROJO