sábado, 24 de diciembre de 2022

NAVIDAD 2022

 


-Cuando nadie te comprenda, ni te quiera, ni te escuche,  

intenta comprenderte, estar bien contigo mismo;  

escucha y habla con tu interior.  

Entonces empezarás a ser emocionalmente una persona libre y equilibrada,  

a pesar de las circunstancias.   

   

 

-No hablemos tanto de amar y más de comprensión; para  

evitar que el amor muera por falta de comprensión.   

     

 

-Cuando no se acuerden de ti y el ritmo de tu corazón siga acompasado,  

estarás en la senda que te conducirá al encuentro de la soledad y el silencio,  

inseparables y fieles amigos. 



 



 Que estas reflexiones pongan un punto de luz y de esperanza a  

nuestras vidas;  

así viviremos en una constante NAVIDAD. 

   

  

 ¡¡¡FELIZ NAVIDAD Y PRÓSPERO AÑO NUEVO!!!  

   

Joan Sánchez Fortún

domingo, 18 de diciembre de 2022

ENEMIGO INVISIBLE

 


El ego, cuando anida en nuestro ser, se asemeja a esa pesada losa: no podremos desprendernos de ella hasta que nos impliquemos en esta magna tarea, como es la de cobrar conciencia de nuestra realidad; es decir, el cómo y el cuándo el ego gestiona nuestras decisiones y actitudes que adoptaremos. 

Quien esté poseído por tan nefasto sentimiento llamado ego –depredador de nuestros valores y enemigo invisible−, no podrá disfrutar de una vida plena, tanto consigo mismo como en la sana relación con sus semejantes. Porque el ego es uno de los valores negativos más pernicioso en nuestra existencia y en las relaciones sociales. Es decir, pervierte los valores positivos que «normalmente» las personas deberían practicar, como la comprensión, la tolerancia… Porque ante una situación donde el ego se apodera de una persona y, por tanto, también de sus valores, entonces emergen otros, como la soberbia, el orgullo… y el tan nefasto endiosamiento. Entonces, se cree un «ser superior». 

El ego nos disocia y divide interiormente, rompe las conexiones entre las diversas áreas evolutivas y valores personales. Nos impide cobrar conciencia con la realidad cuando esta es adversa o no favorable. Por tanto, no podremos modificar aquellos comportamientos negativos que nos separan de nosotros mismos y de nuestro entorno.  

«Dime qué cantidad de ego tienes y te dirás a ti mismo el camino que tienes pendiente en tu proceso evolutivo.» Regla de tres muy, pero que muy directa. No olvidemos desprendernos de ese ego tan nefasto si deseamos, un día, por fin, culminar nuestro proceso evolutivo lo más completo posible. De lo contrario, nos asemejaremos a ese medio-caminante, el que jamás alcanzará su meta, como tampoco podremos culminar satisfactoriamente nuestro desarrollo interior, de madurez y de plenitud interior.  

 Si bien las personas de nuestro medio pueden llegar a hacernos creer que somos una persona de cuantiosos valores, eso puede llevarnos a caer en el endiosamiento −caemos−. De tal modo, ese insano y dañino ego o endiosamiento nos aleja de nuestra realidad, de reconocer nuestras partes más vulnerables, oscuras y mejorables en el proceso del conocimiento interior, de nuestro conocimiento. ¡Cuán necesario es revivir la palabra humildad! 

Recordemos que quien llega a ese punto o estado de endiosamiento, vivirá el resto de su existencia en una falsa y triste realidad, la que construye desde su patológica neurosis, la cual le impedirá conocerse y cobrar conciencia de sus errores para erradicarlos. «No tocará de pies en el suelo.» 

La persona endiosada bien puede ayudar a superar los problemas de sus semejantes para conseguir mejorar su calidad de vida gracias a sus consejos. Pero ese endiosamiento le impide verse interiormente para crecer y desarrollar una personalidad más harmónica, completa y equilibrada. A su vez, favorece y potencia su incapacidad de escuchar, de comprender, de sentir, de reconocer errores y de una evidente falta de humildad… por repetido. 

El ego no entiende, no sabe en qué ser humano «toma su poder», el que tan fatídicamente dirige su existencia. Pero nosotros, mortales y racionales, a fin de cuentas, tenemos el deber desde la humildad −gran valor− de cobrar conciencia de nuestra realidad para cuestionarnos aquellas situaciones en las que indiscriminada y repetidamente rechazamos las opiniones que no nos favorecen. Este es el punto de partida si deseamos conocernos para desprendernos de ese ego que «corroe» negativamente nuestra esencia de seres humanos y que tanto nos separa de la realidad y de nuestros semejantes.  

La persona dominada o «poseída» por el ego, improbablemente − ¿jamás? − podrá culminar su proceso evolutivo. Porque el ego es el desestabilizador «perfecto» de la esencia de la persona, pues, como hemos indicado anteriormente, pervierte los valores positivos que puede llegar a atesorar. Es el enemigo invisible que favorece y propicia la pérdida de nuestros valores. 

 

QUERIDOS AMIGOS:  

¡FELICIDADES EN ESTOS DÍAS NAVIDEÑOS  

Y PAZ EN NUESTROS CORAZONES! 

 

Joan Sánchez Fortún

domingo, 4 de diciembre de 2022

Intensivo de Dones y Talentos. Toma ciento tres. Acción. (Nov 2022)

 


Suena Kevin Kern de fondo, un pianista que nos recomendó Juan, porque es una delicia, Machín también, pero le reservamos para los atascos. Una vela dibuja sombras sobre un folio en blanco, mientras pienso que no sé si darle la razón  a mi madre que decía que el que llega tarde ni oye misa ni come carne, o a los que defienden que más vale tarde que nunca.

Lo importante es que llegué. Me senté en la última fila, la sala era acogedora, las sillas cómodas, muchas espaldas conocidas, a los lados algunas ausencias y de frente, como siempre, Juan. Salió la pregunta del millón ¿qué quieres en tu vida? Salió la reflexión de ¿Cómo te va? ¿Mal? Pues cambia.

Nos invitaba a quitarnos la careta y mostrar nuestras emociones de una manera modulada. Anoté frases sueltas:  "Nuestra inocencia es nuestra fortaleza (UCDM). Las cadenas siempre te las pones tú. La vida nos regala cada día tiempo, y tenemos que establecer prioridades respecto a cómo invertirlo. Amor y libertad van de la mano, el amor no tiene condiciones".

No me digáis que no dice cosas muy interesantes este hombre, respiré y me sentí afortunada de estar allí.

Una parte del intensivo trataba sobre el eneagrama, una herramienta de desarrollo personal que sostiene que todos tenemos nueve tendencias de personalidad que adquirimos en la infancia y nos alejan de nuestro Yo esencial o el niño interior que salta en los charcos sin miedo.

Con ayuda de unos cuestionarios descubrimos, unos más que otros,  con qué número nos sentimos identificados y a partir de ahí con percepción consciente, autoobservación, comprensión de lo que experimentamos y sin juicios, pasamos  de reaccionar a responder, a autogestionarnos para lidiar con el ego sin que nos tiranice. Comprendernos y comprender a los demás facilita la empatía y la compasión.

Detrás de Juan había un escenario y mi mente empezó a imaginar una pequeña obra de teatro con los números como protagonistas.

El 4 mantenía las distancias entre su colorida vestimenta y el resto, por si se le pegaba algo de la gente gris y de paso para que se fijaran en él, porque él era especial, muy especial, original y único. Se le veía muy centrado en su ombligo, a punto de caer en el río como Narciso.

El 7 llegó tarde, venía de otro evento, y se iba rápido porque había quedado en dos sitios distintos a la misma hora, aprovechó para pedir el Instagram de todos los asistentes y compró por internet una maleta y un patinete eléctrico para tener más tiempo y poder hacer más actividades. El que sufre es porque quiere, se aprieta un poco más la agenda y listo, se decía.

Al 9 le costó arrancar, esos cursos remueven, mejor empezar suave, buscó la calma acercándose a una persona con una conversación muy amena que le permitía no intervenir mucho. Hizo de mediador entre un 1 y un 7, el primero no comprendía  porqué el segundo llegaba tarde, decía que le parecía intolerable interrumpir al resto, ¡una falta de ética total! repetía indignado. Las normas están para cumplirlas. Caminaba muy rígido, como si llevara un corsé. En un descanso puso recto un cuadro, que estaba torcido y no le permitía concentrarse.

El 8 se cambió de sitio para controlar mejor y al pasar arrastró una silla, el 9 enseguida la colocó para evitar otro conflicto. En ese momento,  el 2 se vino abajo porque el 8 le gritó que era un blandengue, que había que tirar para adelante como él, sin tanta pamplina, enseguida se acercaron otros números a decirle que no hiciera caso, que era un amor, eso le animó, era justo lo que necesitaba, amor. Rápido pasó a la acción de nuevo, muchas personas allí tenían problemas y él todas las soluciones. Sabía que ocupándose de los demás no le quedaba tiempo para pensar en sus necesidades.

El 5 no fue a las charlas porque temía que tuviera que expresar sentimientos y prefería aprovechar para leer sobre los últimos descubrimientos de restos arqueológicos.  En la comida era el que más sabía de vinos, y de hacer paella, y de todo, se sentó al lado de  un 8  con el que tuvo sus más y sus menos. Les gustó todo, porque ahí no hay fallo, Sergio lo borda.

El 3 llegó el primero, y abrió la puerta, y se fue el último, y cerró la puerta, y se encargó de colocar las mesas, y de que no faltara nada de nada, y cuando fue al baño no funcionaba el dispensador de jabón y lo arregló, y vendió lotería, y estaba pensando en el próximo intensivo, y se encargó de que funcionaran los equipos informáticos… y se lo fue contando a todos ( porque yo, porque yo, porque yo…) para que le confirmaran que ya era bastante valioso y le dijeron que si, para que se callara y parara un poco.

El 6 tenía dudas, no sabía de quién fiarse. Necesitaba sentirse seguro, por eso buscó personas afines con las que hacer piña y sentirse como en familia. Analizaba tanto que lo que interpretó como una  muestra de deslealtad de una persona le provocó un pequeño ataque de ansiedad, yo nunca lo haría, pensó.

Por mayoría absoluta, con un voto en contra y ninguna abstención dimos por finalizado el único intensivo del mundo en el que está permitido montar el numerito.

Nos despedimos con besos y abrazos, en la calle llovía, pero agua de lluvia no quita riego, dicen en mi pueblo. Caminé hacia casa dispuesta a ponerme manos a la obra para empaparme por dentro y aprobar mi asignatura pendiente: amar a los demás COMO A MI MISMA.

 

INMA REYERO DE BENITO

domingo, 6 de noviembre de 2022

COMO LA VIDA MISMA – DESCANSO MANDIBULAR


 

A juzgar por lo que he podido comprobar en fotos “robadas”, para las que no posé conscientemente,  mi “cara de meditación” no se parece demasiado a la de un buda sonriente, sino que presenta un aspecto serio e inexpresivo. De hecho, la piedra de toque para saber si estoy relajada o no es el estado de mi mandíbula, habitualmente dolorida y tensa.

Y es que le doy mucho trabajo. Cada emoción se refleja en los músculos de la cara, tanto si sonrío como si aprieto los dientes, especialmente si he forzado una mueca falsa, como una máscara para “no preocupar” a los que me rodean o dar una “buena imagen” de mí misma. ¡Qué liberación poder desentenderme por un rato de cómo mis gestos influyen en los demás, permitir que mis rasgos se borren y que mi cara sea una pizarra en blanco, sin nada que “leer” en ella!

Por la boca penetra el alimento del cuerpo y a través de ella expresa nuestra voz lo que rumiamos por dentro, e incluso lo administramos a los que nos escuchan, sin distinguir si se trata de nutrientes o de venenos, como las aves alimentan a sus crías regurgitando por el pico la comida a medio digerir. Por convivir en el mismo lugar, los manjares y las palabras se contagian de sus respectivas cualidades y, de ese modo, hay expresiones cariñosas que se sienten dulces, otras estimulan con una ácida frescura cítrica, a veces se perciben salerosas y alegres en la lengua, pero otras se muestran amargamente pesarosas. Pueden ser cálidas y reconfortantes, o frías y secas. En ocasiones resultan duras de roer pero sustanciosas, otras se deshacen en la boca según se están diciendo, sin dejar poso. Las más de las veces combinan sabores y texturas, a veces de forma armónica y deliciosa, y otras arruinando el paladar o el estómago. Pero así como el habitualmente placentero acto de masticar y engullir puede resultar extenuante si fallan los dientes o el apetito, igual sucede con las palabras, que a veces da fatiga pronunciarlas, sobre todo aquellas cuya grandilocuencia apenas si cabe entre los maxilares.

Prefiero las palabras que se cocinan a fuego lento, como los guisos que ganan sustancia y sabor con el reposo, porque las tonterías y banalidades engordan pero no nutren, como los alimentos procesados y los dulces industriales. Repetir una y otra vez lo que me “sopla” algún apuntador (tal vez mi propio ego) no va dar profundidad a mi discurso, pues el cansino parloteo dificulta más la comprensión y la comunicación que una sola palabra salida de la abundancia del corazón. Necesito triturar cada palabra hasta extraer toda su sustancia, porque deglutirlas como los pavos sólo provoca indigestión, que hincha el cuerpo y llena de gases vacuos el espíritu.

Me alivia relajarme en el silencio interior (y exterior), dando un descanso a los músculos faciales. “Fundirme en negro” para que mi yo se disuelva en la atención o en la inconsciencia, pero en cualquier caso dé una tregua a la mente, charlatana, mentirosa e insatisfecha, en perpetua alerta por miedos y prejuicios. Y también a la lengua, su secuaz, una exhibicionista siempre deseosa de salir a pasear con sus amigas, la vanidad y la pedantería. Y de resultas a mi cuerpo, harto de correr en pos de inalcanzables espejismos mentales y de contorsionarse bajo torturas psicológicas absurdas. Por el contrario, cuando siento que mi mandíbula inferior cae pesadamente, sé que he bajado el telón y la función ha terminado, que los disfraces pueden recogerse en sus perchas, el maquillaje se ha quedado adherido a la careta y se está manifestando mi rostro verdadero. Si me miro al espejo, se transparenta el fondo.

 

Ana Cristina López Viñuela

 


viernes, 14 de octubre de 2022

JOAN SÁNCHEZ FORTÚN - ¿QUÉ ESPERAN DE MÍ?

 


Esa es una de las frases más recurrentes en la que caemos con excesiva facilidad ya consumida una valorable parte de nuestras vidas. Así justificamos haber hecho aquello que esperaban de nosotros para justificar, de nuevo, el fracaso de una vida en algunos aspectos personales, laborales, sociales…  

Así razonamos y justificamos el hecho de no habernos involucrado responsablemente en dirigir nuestros pasos con autoridad y criterio propio en el inicio de nuestra etapa adulta, cuando la pregunta más coherente debería –deberá- ser, ¿qué espero de mí?  ¿Quiero ser el gestor de mi vida o, por el contrario, convertirme en marioneta o juguete en manos ajenas en función de sus deseos más impositivos que argumentados? 

Esa marioneta es y será la demostración evidente de mi incapacidad por tener criterio propio, de personalidad y de responsabilidad; por dejarme llevar por unos planteamientos cómodos y facilones, pero de funestas consecuencias en cuanto a mí futuro y realización personal; por desidia en adquirir unos valores y compromisos personales; por esperar a que otros solucionen mi vida... En este caso: mi pobre vida exenta de «vida». 

Quién adoptara tal forma de vida se asemejará a ese velero sin patrón: irá adónde le lleve el viento. ¿El viento de la gracia o de la desgracia? Posiblemente, este último será su destino y compañero de más infortunios en el futuro. 

Cuando nuestro proyecto de vida nos defrauda porque en su día decidimos inhibirnos de él, porque otros lo dirigieron o fue lo más simple, dejé que tomaran el rumbo de mi vida. En el presente resulta ser más cómodo responsabilizarles a ellos antes de reconocer nuestra incompetencia, desidia o falta de madurez las que incidieron, negativamente, en nuestra trayectoria personal en sus diversos campos y áreas. Esa madurez es la que nos pondrá, precisamente, en el camino que nos dé/dará respuestas congruentes y lógicas ante el futuro; a tomar decisiones en primera persona; a responsabilizarnos de nuestros actos para conseguir una vida más plena.  

 Esa actitud y forma de reconducir nuestra vida es la que nos dará un carácter, y una personalidad más amplia y rocosa posible ante las diversas dificultades que nos presente-presentará- en el futuro la propia existencia.  Nos convertiremos en administradores y gestores independientes de nuestras vidas y decisiones; daremos una amplia personalidad a nuestra existencia. Evidentemente con sus aciertos y errores, los que convertiremos en puntos de aprendizaje y experiencias enriquecedoras. 

Vivir bajo el influjo de este interrogante ¿qué espero de mí?, empezaremos a «construir responsablemente» nuestro futuro, acertado o no tanto, pero, indudablemente, con criterio y personalidad propia. Evidentemente, debemos estar abiertos a cualquier información externa por si puede aportarnos, positivamente, unas opiniones valorables en beneficio propio. 

Entonces, estaremos más preparados para afrontar las diversas ocasiones conflictivas que nos depare el destino. El interrogante mencionado anteriormente (¿qué espero de mí?) nos abrirá el camino hacia nuestro conocimiento interior -mencionado en tantos escritos -, el que nos proporcionará esa necesaria madurez y equilibrio ante los diversos avatares que nos plantea la vida: nos hará ver en la «oscuridad». 

Resumiendo: Cuando mi existencia la he gestionado en función de lo que espera la sociedad de mí y esa actitud me ha abocado al fracaso, no deberé culparla, pero sí a uno mismo, al no afrontar responsablemente el inicio de mi etapa de adulto. Los posibles fracasos venideros serán su consecuencia.

¿Qué espero de mí? Necesario y profundo interrogante al que deberé darme una explicación congruente y razonada. Tendré la posibilidad de conocerme para descubrir en qué áreas personales tengo más posibilidades de dar lo mejor de mí mismo y de aquellas otras que pueden ser conflictivas para ser superadas. 

Conocimientos de vida y de esperanza

 


lunes, 10 de octubre de 2022

EL DEPORTE DE LA EMPATÍA


Me encontraba parada observando un escaparate de forma curiosa, la tienda era de numismática. Sé a quién le gusta coleccionar monedas, y si veía alguna de precio asequible, sería un posible regalo de cumpleaños.

Se acercó a mí un joven con aire desenfadado a pedirme dinero, y le contesté con un rotundo no. El insistió: como la vi en frente del escaparate mirando con atención, pensé que usted era la dueña. No para nada, le contesté.

Me dijo que el dinero no era para drogas, alcohol, tabaco o similar, me confesó que tenía hambre y que no había desayunado.

Vale si es así, vamos a desayunar juntos le dije, y el accedió.

Era un hombre poco agraciado, en parte por no tener arreglada su dentadura y por su desaliñado aspecto, el caso es que me irradió confianza, su ropa sucia y el escaso  aseo personal dejaban mucho que desear.

Entramos en una cafetería y las personas allí reunidas se quedaron mirándonos descaradamente, como dictando con sus ojos:”aforo muy limitado”. Creo recordar que él se tomó un café y yo un zumo de naranja. Nos pusieron una sabrosa tapa para acompañar y yo le ofrecí la mía. Le dije que eligiese un bocadillo para comer y agua.  Su mayor capricho fue solicitarme una Coca-Cola, porque según él, el agua la podía beber en la fuente a diario.

En el bar conversamos y me relató retazos de su vida, y su guion fue creíble. Se dedicó a realizar transportes y otros trabajos por los que cobró bastante dinero y llegó a permitirse pagar la entrada para un piso. El problema era que al no estar dado de alta en la Seguridad Social, ese periodo no le había servido para cotizar. Y al perder el trabajo, el banco se quedó con el piso.

No dejaba de argumentar que su padre sabía hacer de todo y que no le faltó trabajo, reconoció que si hubiese hecho lo mismo hoy podría subsistir. Al no tener determinadas habilidades manuales se le cerraron muchas puertas.

En el bar me acerqué al aseo y me esperó al salir, no quiso dejarme sola y salimos de allí juntos.

Estaba emocionado con su ración de comida, y le hablé de Cáritas. Me emocioné aún más, cuando me dijo que me daría un abrazo, pero como empezaba a visitarnos el covid, era mejor que no lo hiciese. AGRADECIÓ mi atención hacia él. Me pareció sincero, y le pregunté cuál era su nombre. Jesús, me afirmó, y nuestros caminos dejaron de cruzarse.

Le deseo lo mejor y no paro a menudo de pensar que cualquiera de nosotros en un momento de nuestra vida podríamos estar como Jesús.

Detrás del rostro de cada mendigo hay una historia que suele ser dramática, frustrante, traumática,… vestida con una variedad de calificativos que lo hacen único e irrepetible, como su existencia.

ANA ROSA GUTIÉRREZ ÁLVAREZ 

miércoles, 5 de octubre de 2022

LAS PALABRAS SON EL CAMINO (con motivo de la presentación del libro de Inma Reyero de Benito)

 



LAS PALABRAS SON EL CAMINO

El pasado jueves 29 de septiembre tuve la fortuna de ser elegida por mi amiga Inma Reyero de Benito para que la acompañara en la presentación de su primer libro, Las palabras son el camino, en un encuentro muy mágico y especial, en el que no faltaron sabiduría de la vida, sensaciones a flor de piel y música.

El título del libro es muy machadiano, porque las palabras se entienden como la impronta que la vida va dejando en nosotros según la vamos viviendo: “caminante son tus huellas el camino y nada más”. Porque Inma hilvana en su obra retazos de vida, descripciones de actos cotidianos propios u observados en otros, siempre con el hilo de su peculiar forma de sentir, empática y compasiva. El café se convierte en una ceremonia de intimidad, saltar los charcos en una celebración de la infancia, preparar comida es una forma de amor y deshojar margaritas un acto de confianza. Poemas, artículos, relatos se van uniendo en un conjunto tan coherente y hermoso como una colcha de patchwork, que ensambla diferentes colores, estampados y tejidos para construir un alegre, armónico y cálido abrigo.

Los protagonistas de sus escritos son ella misma, su familia, la ancianidad con sus limitaciones, mujeres que sufren en soledad, niños que juegan, parejas que se aman… Y, como ella dice: va “leyendo” a las personas, convirtiendo un gesto o una mirada en una sugerencia de una historia, rellenando con su intuitiva imaginación los huecos, en un intento de “sorprender” la realidad, maravillarse ante ella y comprender lo que se oculta debajo de la piel.

En su vocabulario algunas palabras se repiten: “sonrisa”, “ternura”, “sencillez”, “sueño”, “disfrutar”, “sostener”, “abrazo”… evocadoras de la calidez humana que irradia Inma a su alrededor, pues como le dije una vez: “cuando sonríes sale el sol”. Y su luz es capaz de ampliar nuestro campo de visión y conducir nuestra mirada hacia tantos detalles resplandecientes que nos rodean y que a veces se nos escapan a fuerza de rutina y pesimismo.

“Amante del sentido común y de hacer las cosas fáciles”, como ella misma se describe, la lectura del libro resulta fluida. Y el tierno sentido del humor que envuelve las frases despierta una sonrisa, como cuando habla de buscar en el bolso el caramelo que nunca has metido en él para describir el nerviosismo en la sala de espera de un hospital. Eso no quita para que se dé su lugar al dolor, la impotencia, la angustia… que también están ahí, pero siempre con un toque de esperanza y dulzura.

Las ilustraciones de Paula Getino Reyero, poéticas y reducidas a la simplicidad de un símbolo, han acertado a acompañar las palabras de su madre con imágenes, tan acopladas como la música a la letra de una canción, trazando un mapa que guía a los “viajeros” en el camino hacia el interior de ellos mismos.

Si algo he aprendido de Inma es que se puede recoger con gallardía el guante que a veces nos lanza la vida y afrontar los retos, aunque sientas miedo, no tengas ganas o te parezca que no tienes fuerzas. Y que tu zona de confort crezca hasta que tu voz haga eco en el horizonte. Yo he sido testigo de cómo no ha permitido que ninguna circunstancia adversa pusiese límites a sus sueños, ni siquiera la enfermedad, comprometida siempre con su crecimiento, constante en sus propósitos y sincera para reconocer sus excusas y no darles poder. Si ella lo ha conseguido ¿por qué yo no? ¿Por qué no tú?

Y para terminar cito literalmente “te invito a unirte a este camino en el que las palabras son el viaje y tu corazón es mi destino, para que le pongas voz y descubras pedacitos de ti”. Porque se aprende más de la naturaleza humana penetrando en la profundidad de una sola persona que con mil sesudos discursos teóricos, y a través de la mirada de Inma podemos iluminar aquellos aspectos de nosotros mismos o de lo que nos rodea que nos perdemos por falta de consciencia. Yo he aceptado su invitación y puedo aseguraros que merece la pena o, mejor dicho, “merece la alegría”.

 

ANA CRISTINA LÓPEZ VIÑUELA


viernes, 19 de agosto de 2022

JOAN SÁNCHEZ FORTÚN - CONOCIMIENTO INTERIOR -RESILIENCIA-

 


Interesante el tema de la resiliencia. Es la capacidad personal para superar las situaciones traumáticas con un mínimo de costes afectivos o emocionales, brevemente expresado. 

 

Ante situaciones traumáticas, generadoras de dolor, las personas podemos llegar a responder de una forma variada. Lo analizaremos bajo dos aspectos diferentes: A; aquellas personas que disponen o están dotadas de una cierta capacidad para superar situaciones conflictivas y, B; aquellas otras cuya superación es la consecuencia de su conocimiento interior: sinónimo de evolución y madurez personal.            

 

A: La persona dispone como un hecho innato - forma parte de su personalidad de base- de una valorable «capacidad natural y suficiente flexibilidad mental y/o tolerancia», - no necesariamente propiciadas por su evolución- para superar las situaciones adversas. Esta es una de las vías o explicaciones por la cual, ante el mismo problema, unas personas lo superan con mayor facilidad y menor sufrimiento que otras.  

 

La capacidad natural, mencionada anteriormente, evitará cargar con sufrimientos innecesarios, pues facilitará minimizar las situaciones conflictivas o traumáticas. La persona dispondrá de ese bien natural con unos mínimos costes de dolor  

 

Ponernos de víctimas ante una situación conflictiva - ¡por qué me ha pasado a mí y no a otro! - no nos ayudará a superarnos; al contrario, lo convertiremos en un pesado lastre de difícil superación. 

 

B: La segunda posibilidad para no vernos afectados tan negativamente por los diversos problemas cotidianos, sería - y es- la línea evolutiva, propiciada por el Conocimiento Interior- con mayúsculas-. 

 

Involucrarnos en potenciar dicho Conocimiento Interior nos dará la fortaleza necesaria-con unos mínimos costes- para superar el sufrimiento ocasionado por aquellas situaciones traumáticas de difícil superación a las que tendremos que hacer frente. A su vez, favorecerá el arte de la aceptación.  Recordemos que las situaciones no aceptadas, en sus diversas áreas, nos abocarán al sufrimiento hasta su aceptación. No veo otra salida, ¿existe? 

 

Es a partir de dicho Conocimiento Interior, cuando la persona empieza a construir una vida lo más plena y amplia posible en sus diversas áreas y situaciones; nos evitará tanto sufrimiento inútil cómo estéril. Ese Conocimiento es el mismo que potencia y fortalece nuestros valores personales y defenestra los negativos. Óptima e indispensable herramienta para luchar contra tanto sufrimiento. 

 

El Conocimiento Interior, bajo mi punto de vista, es la herramienta imprescindible y necesaria si deseamos potenciar la resiliencia, ahora sí, por nuestro empeño en conocernos y descubrirnos como seres humanos, de lo contario, dependeremos de la personalidad de base mencionada anteriormente, no por nuestro espíritu de superación.   

 

¿Cómo se supera el sufrimiento? A través de la madurez que proporciona el Conocimiento Interior, el mismo que favorece y propicia la evolución personal. En esa frase queda reflejado el poder de la resiliencia; nos dará las fuerzas suficientes para luchar y superar las diversas dificultades que nos presenta la vida para no caer bajo el influjo del sufrimiento. 

 

 Recordemos: Aquellas situaciones no resueltas ni superadas llenarán la mochila de problemas irresueltos con los que cargaremos el resto de nuestras vidas hasta su resolución.  

 

El Conocimiento Interior nos ayudará, entre otros valores, a superar: 

Las dependencias y los vacíos afectivos. 

Los miedos. 

Sentimiento de culpabilidad. 

Sufrimiento innecesario. 

La soledad y el silencio. 

 

A reconocer: 

Nuestros límites y áreas que deben ser mejoradas. 

Cuando nos auto engañamos.  

Cuando queremos por «necesidad», no cómo un acto en libertad. 

Nuestro grado de ego. 

 

A potenciar:  

La tolerancia, la responsabilidad, la escucha, la comprensión…Valores tantas veces repetidos. 

Valores por los que los humanos debemos relacionarnos para conseguir ese Mundo Mejor, entre ellos: humanidad y humildad. 

 

Recomiendo la lectura del libro: Conocerme para evitar el sufrimiento innecesario. Por la temática y el desarrollo de los temas expuestos –cómo los citados, entre otros-. La lectura e integración del contenido de ese solo libro, va a producir, producirá, un cambio favorable en nuestras vidas: nos evitará tanto sufrimiento innecesario.  

  

Por definición podemos afirmar que la «mejor» resiliencia es la que proporciona la madurez 

y la evolución, adquiridas por nuestro espíritu de superación 

mediante el Conocimiento Interior. 

 

SI DESEAS SUPERAR EL SUFRIMIENTO: ¡CONÓCETE!  

 

lunes, 8 de agosto de 2022

RESILIENCIA (NO SOLO UNA FORMA DE AFRONTAMIENTO) (PARTE 2)

 


Ser resiliente no significa que la persona no experimente dificultades, desequilibrios, desajustes. Dolor emocional, ansiedad, tristeza, son elementos comunes en todas las personas que han padecido dichas adversidades, pero de la persona resiliente sale una fuerza interior que hace que se vaya sobreponiendo a todas esas inestabilidades.

En un ser resiliente es como si hubiera descubierto una cantidad de recursos, que estaban latentes, y que le permiten afrontar dificultades difíciles de superar.

Lo mismo que hablamos de personas resilientes, ya podemos hablar de organizaciones resilientes y de empresas o grupos humanos resilientes.

El nivel de resiliencia de una persona determina su habilidad, competencia, capacidad para salir más fortalecida y para recuperarse bajo circunstancias de fuerte estrés y cambio.

No cabe duda de que en las personas resilientes es como si se activaran sus áreas ocultas de clarividencia, de luminosidad y de creatividad que parecían dormidas en circunstancias normales. La resiliencia se convierte en una forma distinta, nueva, diferencial, de responder ante la vida y sus adversidades.

¿Qué atributos manifiestan las personas resilientes? 

1)     AUTOESTIMA, CONFIANZA EN SÍ MISMO/A. Una autoestima baja o exageradamente alta, producen actuaciones de desconexión con el medio tanto físico como social. Una persona con una autoestima adecuada dispone de capacidad para marcar límites, pero también para buscar apoyos, y establecer las distancias físicas y emocionales equilibradas. 

2)     AUTOCONOCIMIENTO, INSTROSPECCIÓN Y AUTORREFLEXIÓN. Conocimiento de uno mismo, capacidad para realizarse las preguntas utilitarias adecuadas ante la situación, mantener congruencia, honestidad. Reconocimiento propio y reconocimiento de los otros. 

3)     MANEJO DE LAS CRÍTICAS NEGATIVAS. 

4)     AUTOMOTIVACIÓN Y COMPROMISO CON UNA IDEA, CON UN PROYECTO. 

5)     BUENAS GESTIÓN EMOCIONAL Y EMPATÍA CON LOS DEMÁS. 

6)     COMUNICACIÓN POSITIVA Y CON DIRECCIONALIDAD. ESCUHA ACTIVA. 

7)     TOMA DE DECISIONES CON FLEXIBILIDAD, ADAPTÁNDOSE A LAS CIRCUNSTANCIAS.

8)     VALORACIÓN DE LA DIVERSIDAD. 

9)     CREATIVIDAD, RESOLUCIÓN DE PROBLEMAS, INNOVACIÓN, BÚSQUEDA DE OPORTUNIDADES, INICIATIVA. 

10)  CAPACIDAD DE CREAR ORDEN, BELLEZA, FINALIDAD A PARTIR DEL CAOS Y EL DESORDEN. 

11)  AFECTO Y APOYO. CAPACIDAD DE RELACIÓN, DE ENCUENTRO. 

12)  PENSAMIENTO CRÍTICO CONSTRUCTIVO. Búsqueda de causas, responsabilidades, separación de tareas y competencias. 

13)  NO CATASTROFISMO Y HUMOR. Es una forma de rebajar las tensiones del momento y sobrellevar los momentos difíciles. 

Todo esto en forma dinámica, con capacidad de cambio y adaptación según los momentos. Hay búsqueda de equilibrio constante entre los factores de riesgo, los aspectos de protección personal y del entorno inmediato, y los factores de personalidad.

La resiliencia se teje, se construye, es como hacer una urdimbre bien entrelazada y reforzada, que se elabora entre la persona y el medio en el que se están produciendo los contratiempos. Hay una interacción entre variables personales, variables sociales, ambientales.

JUAN FERNÁNDEZ