lunes, 21 de septiembre de 2020

EL RINCON DE INMA – EL AGRADECIMIWNTO ES LA MEMORIA DEL CORAZÓN (LAO TSE)

 


Bendita causalidad que nos puso en el mismo camino de hormiguitas, sin atajos, sin trucos, solo práctica y constancia.

 

En el camino de la consciencia, del amor incondicional, en un sendero donde las cosas son como son, aunque no nos gusten, lo importante es nuestra actitud y lo que hacemos con ellas.

 

Bendita causalidad que me acercó a ti temblorosa, muerta de miedo, con mi carrito, pero allí estaba, en el sitio adecuado, en el momento justo, dispuesta, sin excusas, sin dramas, ofreciendo lo que tenía que, a priori, no parecía mucho, sólo un cuerpo débil y un corazón roto en pedacitos, pero cómo tú dices, lo importante es querer y de querer iba sobrada.

 

Según tú la solución a mis problemas pasaba por hacer sentadillas...me pareció de chiste, no te lo voy a negar, ¡no te debías de haber enterado de nada!, nunca te lo he dicho pero las hice sin ganas, las hice llorando, sentía dolor, no sólo físico, también dolía el alma, sólo las hice porque no sé mentir y no podía llegar a la próxima sesión y decirte que sí, que las había hecho, y claro, si no las hacía, si no confiaba en ti ¿qué sentido tenía volver? No estamos aquí para perder el tiempo ni para hacérselo perder a los demás, la coherencia me parece un valor esencial.

 

También las hice para demostrarte que estabas equivocado, que querer no siempre es poder y la equivocada fui yo y tanto quise demostrártelo que hoy casi tengo tableta.

 

Tu saludo y despedida de " besos y abrazos" me parecía una forma de tortura, pero también funcionaron, conseguí abrirme al mundo, romper distancias de seguridad y sentirme viva de nuevo.

 

Ahora la vida me pone un nuevo reto, tengo que aprender a sentirte desde un poco más lejos, aprender a soltar, trabajar el desapego, respetar tu decisión de reorganizar tus prioridades y desearte lo mejor.

 

Doy gracias por no dejarte pasar, por subirme a tu tren que siempre está en marcha, aportando a cada pasajero lo que precisa para hacer su viaje más confortable; doy gracias porque te disfruté y no te dejé para luego.

 

Qué bueno que nuestra conexión no sea física porque no sentiré tanto tu ausencia, no te vas, te quedas, siempre fuiste, eres y serás, es lo que tiene transformar vidas que siempre formarás parte de ellas, ya sabes que el adiós no existe...

 

El primer artículo que publicamos te lo dediqué y terminaba con un: simplemente Juan, este lo quiero terminar con un: SIMPLEMENTE GRACIAS.

 

INMA REYERO DE BENITO

lunes, 14 de septiembre de 2020

JOAN SÁNCHEZ-FORTÚN - ¿OÍMOS O ESCUCHAMOS?

 



Con demasiada frecuencia, oímos, pero no escuchamos la palabra ajena. Ante esta situación, podemos comparar el sonido producido por la voz humana a esos otros que nos acompañan en el quehacer a diario.  Entonces, la cavidad de nuestros oídos se asemeja a un objeto metálico: reciben el sonido -la palabra ajena-, éste rebota y no queda absolutamente nada: se produce el vacío afectivo interpersonal y la despreocupación por los problemas de las personas de nuestro medio. En este sentido, cabe preguntarse: ¿vivimos o vegetamos?  ¡No dejemos pasar esta oportunidad de indagar en nuestro interior para darnos, responsablemente, una respuesta!     

 

Retomando el párrafo anterior, podemos deducir que: físicamente, compartimos un espacio, pero carente de sentimiento-porque oímos, pero no escuchamos-; humanamente, se produce un vacío en la relación humana, lo que provoca el desconocimiento y la desafección hacia nuestro semejante. Esta forma de relacionarme, me demuestra mi grado de preocupación por el prójimo, y mi calidad y esencia como ser humano. ¿Puede ser esta la prueba del algodón? ¿Realmente, estoy interesado en averiguarlo? ¡Valorémoslo cómo un punto de reflexión en nuestro proceso evolutivo!

 

Oímos, pero no escuchamos: esta es una de las mayores tragedias y desgracias que le puede ocurrir a la especie humana: a todos nosotros.  Esta actitud potencia nuestro autismo y destruye la excelencia en la relación humana.  Nos aísla e incomunica de nuestros semejantes, al tiempo que dificulta nuestro conocimiento y crecimiento personal. Deberíamos recordar que: interiorizar la palabra ajena, es una de las principales fuentes de aprendizaje en nuestro proceso evolutivo.  

 

Al escuchar con atención el contenido de la palabra ajena, establecemos unos fuertes vínculos afectivos interpersonales. Las personas se sienten escuchadas, valoradas y acogidas por nuestro interés hacia ellas. Por lo tanto, a partir de este interés se establecerán unos vínculos de unión más fuertes y duraderos en el tiempo. 

 

¿Por qué oímos, pero no escuchamos? Entre otros razonamientos: por nuestra incapacidad natural a la escucha responsable; por el desinterés que demostramos hacia las personas y su problemática;  sentirnos  superados  por nuestros problemas o conflictos no resueltos, dificultamos e impedimos  la escucha responsable; ponernos en primera persona interrumpiendo  la palabra ajena para  priorizar la propia, es un signo evidente de menosprecio hacia el sentimiento de las personas,  propicia  la incomunicación y la desafección, hecho que no debemos olvidar.  

 

 El ser humano, es decir, cada uno de nosotros tenemos pendiente una gran tarea como es la de aprender a escuchar para comprender, sentir y apreciar a nuestros semejantes, de lo contrario, viviremos autísticamente cerrados en nuestro mundo, y en nuestra burbuja sin posibilidad de ofrecernos a nosotros mismos un mundo mejor, más comunicativo, más comprensivo y más humano.   

 

¿OÍMOS O ESCUCHAMOS?   

 ¡Esta puede ser una de las cuestiones que tiene ante sí, no solamente la persona como individuo, sino toda la humanidad! 

 

domingo, 13 de septiembre de 2020

EL RINCÓN DE INMA: Mi ombligo, mi mundo

 



Alberto es una persona de mediana edad, blanca, español, sin problemas económicos. Vive en una ciudad grande y tiene la suerte de poder teletrabajar cuando empieza el confinamiento.

 

Decide trasladarse a su casa de campo confortable y con todas las comodidades: internet, aire acondicionado, calefacción, ducha hidromasaje. El lugar es tranquilo, a simple vista es un privilegiado.

 

Pero su miedo y desconfianza van creciendo, se aleja de su entorno de amigos, poco a poco también se aparta de su familia, termina por aislarse en la planta de arriba.

 

Limpia compulsivamente la pantalla del móvil, consume información sin parar, noticias reales, otras falsas, bulos, datos, muertos, más datos, contagiados, pruebas PCR, anticuerpos, fase 2, desescalada, vacuna…

 

Su único contacto con el exterior consiste en recibir al repartidor de Amazon, a través de la verja. No le saluda, no establece contacto visual con él, detrás de su mascarilla, la más cara del mercado, sólo se le oye decir: " déjalo ahí", tampoco hay despedida, ni un gracias, nada.

 

Con el paso de los días empieza a aburrirse, decide pedir comida rápida a través de cualquier aplicación, después se siente mal y, para quemarla, hace un poco de ejercicio en casa, el justo para poder subir una foto a redes sociales en la que se vean los muebles de diseño y  su camiseta de marca, en la parte de abajo sigue llevando el pantalón del pijama.

 

Estamos aislados pero no podemos perder confort, necesitamos seguir dominando el mundo, ahora a golpe de clic, mientras nosotros estemos fuera de peligro poco importa que nuestro pedido haya sido empaquetado por gente con familia, con amigos, que también tienen miedos, poco importa que haya sido fabricado por chinos, ¡¡¡uuyy he dicho chinos!!! entonces mejor dejar el pedido en cuarentena en el jardín por si las moscas; otra posibilidad es que ese objeto que acabará en unos días olvidado en un rincón lo fabricaran niños en pésimas condiciones laborales, es irrelevante también.

 

Un día, después de muchos meses, decide salir a la calle, angustiado, deshumanizado, con la tristeza impresa en su rostro, cree que por fin es libre pero se ha hecho preso de sí mismo, de su colección de manías, no ha sido paciente Covid, pero es portador de la peor de las pandemias y ahora la contagiará de forma masiva, los síntomas: pesimismo, apatía, desconfianza hacia nuestros semejantes.

 

Ese hombre de clase media destinado a tenerlo todo es sólo un pobre hombre deambulando por paisajes que ya ni le reconocen mientras se frota las manos por enésima vez con el hidroalcohol que lleva en el bolsillo izquierdo de la chaqueta.

 

Miro para la foto de arriba y llorar se queda corto, pienso en Alberto, a nuestro modo tod@s podríamos ser él y siento que el mundo es una mierda, por lo menos este mundo que se queja, que no agradece, que siempre quiere más, que juzga al de al lado, este mundo que está construido solo para unos pocos.

 

INMA REYERO DE BENITO

martes, 8 de septiembre de 2020

JOAN SÁNCHEZ-FORTÚN - CUANDO TÚ NO ESTÉS

 


PARA REFLEXIONAR

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CUANDO TÚ NO ESTÉS,

         CUANDO YO NO ESTÉ...

Cuando tú no estés, nada me tendré que reprochar. No sólo te di lo que tuve, sino que me preocupé por saber lo que más necesitabas.

No sólo recordaré aquellos momentos que compartimos, sino que también reconoceré tus atenciones prodigadas que mitigan tu ausencia.

Cuando tú no estés, no me quedaré vacío de ti. Estaré lleno del tiempo vivido porque fue compartido.

Recordaré con nostalgia tu presencia y compañía, no sólo de los bellos momentos, sino de aquellos otros menos bellos, pero más profundos: cuando superamos con amor y comprensión las adversidades propias de la vida.

Cuando tú no estés, estaré contigo, aunque ya no estés conmigo.

Cuando yo no esté aquí, allá donde esté, estarás conmigo porque me impregné de ti.

Nada tendré que reprocharme porque cuando estuve aquí, te di lo que necesitabas antes de que tú me lo pidieras.

Cuando yo no esté, deseo que me recuerdes no por lo que te ofrecí, sino en cómo te lo ofrecí.

El destello de luz en tu rostro me acompañará, sentiré que estás conmigo, aunque yo ya no esté contigo.

Cuando yo no esté, tú estarás en mí porque la belleza del sentimiento demostrado nunca muere.

 

Cuando tú no estés, cuando yo no esté...

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Cuando tú no estés...

Vivamos el presente con amor, comprensión y tolerancia. Erradiquemos el egocentrismo, fortalezcamos la relación humana. Esforcémonos en demostrar las emociones, en ofrecer la calidez de la palaba y de nuestra presencia. Ofrezcamos afecto y amor en el presente, para no tener el sentimiento de culpabilidad en el futuro por los valores que en vida te negué. «Para no sentirme tan culpable cuando tú no estés...»

Cuando yo no esté...

Vivamos el presente con humanidad para que cuando yo no esté, quede en ti la semilla de la comprensión y de la concordia. Mi recuerdo te acompañe por la dedicación hacia tu persona. Por priorizar tus necesidades antes que las mías. Por leer en tus ojos antes que escuchar tu palabra; para que no sientas en el futuro ningún "vacío" en los años compartidos.  «Para que mi recuerdo te acompañe cuando yo no esté...»

 

viernes, 4 de septiembre de 2020

EL RINCÓN DE INMA: BAJO EL MISMO CIELO

 


Amante de la cordura, de hacer las cosas fáciles, la naturaleza me equilibra, me encanta su belleza serena, precisa, colorida, como si nada pasara...

 

Me dejo envolver por ella, me da cobijo como una madre amorosa, no me pide nada a cambio, sólo que la disfrute y que más pronto que tarde vuelva a refugiarme en ella.

 

Es bonito saber que el mar siempre será mar embravecido o en calma, que su sabor es salado, aunque evoque momentos dulces, que la arena de sus playas, que ahora es fina y se escapa entre los dedos, es el fruto de siglos de erosión; los ríos siguen su curso con más o menos agua y están contentos de ser lo que son, no quieren ser lago, ni catarata, no se comparan, están bien así.

 

Me ayuda a comprender que de nada sirve la prisa, una semilla se toma su tiempo hasta convertirse en una flor que puede ser efímera y no por ello menos bella, me recuerda que es bueno disfrutar y soltar, porque no sabemos cuándo terminará nuestro tiempo, no somos perennes.

 

En el cielo hay claros, aunque a veces predominen las nubes, el sol siempre sale

podamos verlo o no, algunos días las precipitaciones son intensas y dejarse calar es señal de crecimiento, de resiliencia; para las malas rachas en forma de viento es aconsejable ser flexible como el bambú.

 

Es inevitable perder las hojas y hasta los papeles, recordarnos que somos caducos, porque desnudarse también es de valientes, aunque nuestra mayor belleza está condensada en el interior, sobre todo en lo más profundo, en nuestras raíces, quien no sepa verla no nos merece.

 

Hay árboles centenarios y hormigas que no cesan, caminos que no conducen a ninguna parte, pero los volveríamos a recorrer, porque nos encanta perdernos de vez en cuando.

 

Senderos que se bifurcan y nos hacen elegir. De repente nos planteamos qué pasaría si perdiéramos el norte, al fin y al cabo, todos somos un poco de sur y buscamos dejar huella.

 

Fuentes con aguas cantarinas, acompañando con su fresca melodía el trino de un gorrión y  un coro de grillos.

 

Cumbres que te abren nuevos horizontes... ¿por qué no seguir soñando?

 

INMA REYERO DE BENITO

martes, 1 de septiembre de 2020

COMO LA VIDA MISMA - EL INVIERNO DE LAS RAÍCES

 


El jardín sigue dándome lecciones de vida, ahora en forma de una inmensa raíz de hiedra centenaria, que a pesar de las “perrerías” a las que sometemos a la planta desde hace tres años, eliminando sistemáticamente ramas y hojas para impedirle realizar la fotosíntesis, sigue fuerte y viva. En ella pensaba tras la conversación con una amiga, a cuyo dolor por el reciente fallecimiento de su madre se ha unido el de otros muchos duelos, pospuestos en su día por falta de tiempo y exceso de obligaciones.

Cuando una persona ordinariamente resuelta y activa, que se ha hecho cargo de infinidad de responsabilidades familiares y profesionales, se siente de repente tan sensible que se derrumba  ante cualquier estímulo y cada recuerdo le genera un mar de llanto, la tentación es pensar de sí misma que es débil y tonta, y que vale menos que antes. Pero eso es falso. Cuando nos hacemos una herida hay que dejar correr un poco la sangre limpia antes de que cierre, para que no se infecte. Las lágrimas son la sangre del alma y hay que permitirles salir para poder curarse.

Es normal que en esas circunstancias se te caiga la casa encima y que te sientas incapaz de llevar el más mínimo peso, y eso no te lo digo yo, lo sabe cualquiera que haya pasado por lo mismo. Pero cuando le toca a uno, de nada sirve la experiencia de los demás. Te pueden repetir hasta la saciedad que es una etapa y que se pasará. Que dentro de un tiempo los mismos recuerdos que ahora te hacen sufrir, sólo serán fuente de paz y agradecimiento. Intentan darte consuelo y ánimo, pero en lo más profundo del hoyo, sepultado bajo tanta pesadumbre, no estás receptivo. No te preocupes, confía, ya lo estarás. Mientras tanto, quédate con el amor y la cercanía de los que te quieren.

Cuando llega el invierno la planta envía toda la savia a las raíces, porque no es momento de verdor y frutos. Cuando llegue la primavera estará de nuevo en condiciones de bombear vida. Escucha esa voz que habla en tu interior y te llama a replegarte; cuando estés listo, esa misma voz te indicará los pasos que debes dar para salir del ensimismamiento. Y de nuevo harás planes, y te apetecerá salir, ver gente, emprender actividades. Sigue sólo los consejos que resuenen en tu alma y deja que sea ella la que marque tus tiempos, porque tu vivencia es única y lo que sirve para uno, no vale para otro.

En el momento de la poda, la esperanza de un nuevo resurgir se refugia en la raíz. Cuídala. Aliméntala con silencio, meditación y ternura. Ten paciencia, date un respiro y acepta la ayuda que necesites. Ten fe en que, si permites a la naturaleza hacer su magia, en ese tocón aparentemente seco y mustio, como en el olmo hendido por el rayo que cantó Antonio Machado, la vida se desplegará de nuevo en todo su esplendor.

ANA CRISTINA LÓPEZ VIÑUELA