jueves, 2 de julio de 2020

CARMEN PRADA - HABLAMOS DE PERSONAS…





Nosotros debemos pensar que somos una de las hojas de un árbol, y el árbol es toda la humanidad. No podemos vivir los unos sin los otros, sin el árbol”.
Ya lo decía Paul Casals, (fue uno de los músicos españoles más destacados del siglo XX. De padre catalán y madre nacida dentro de una familia de catalanes indianos en Puerto Rico, Casals es considerado uno de los mejores violonchelistas de todos los tiempos.

Y así es. Estos momentos por los que estamos atravesando, pueden ser buenos para que a la vez nos sumerjamos en nuestro interior, en nosotros mismos. Y así darnos cuenta en la soledad más profunda, que no somos nadie sin estar rodeados de otras personas.
Nos falta su cercanía, su calidez, sus palabras mediante su presencia, emociones… Sin ellas todo ello nos debilita y nos puede llevar a plantearnos, ¿realmente de qué podemos prescindir en nuestras vidas y qué se hace necesario?

Esta cuarentena entre otras muchas cosas nos ha y sigue manteniendo activos, llevándonos a hacer tareas que vamos posponiendo por la falta de tiempo. Una de ellas por ejemplo es el cambio de armario cuando llega la primavera y ya verano.

Reconozco que mis cambios de armario son toda una odisea, nunca encuentro el momento.

Sí, hablo de esas rutinas galopantes en las que sostenemos nuestras vidas. Siempre corriendo, con prisa, sin tiempo para nosotros, pegados a una pantalla pero tampoco para los demás… Pues como os iba diciendo en este periodo de tiempo me he puesto con ello.

Y me ha sucedido una cosa muy curiosa, casi todo lo que repasaba de mi armario había dejado de tener utilidad para mí. Me llegué a plantear deshacerme de parte de mis prendas y así lo hice de hecho. Llegado este punto me pregunto, ¿por qué antes tenías la sensación de que cada una de esas prendas eran necesarias y ahora te quedarías con poco más de una docena de ellas?

Es sencillo, hay cosas de las que podemos prescindir ya que pase lo que pase podemos vivir sin ellas y además recuperar de algún modo. Sí, toda esa mochila material con la que cargamos y nos pesa porque la decisión de vaciarla solo es nuestra.
Pero ¿y cuándo hablamos de nuestras relaciones interpersonales? Eso es harina de otro costado…

Somos como un árbol con fuertes raíces. Con una hermosa copa y distintos brotes. Esos brotes forman parte de la abundancia y calidad de nuestras relaciones sociales. Habrá brotes que se transformen en bellas flores, otros que sin duda se terminan marchitando.

Como decía al inicio, el riego de esas frondosas raíces no depende únicamente de un brote, ni tan siquiera del árbol. Necesita el riego de todos nosotros.
Nacemos, vivimos y fallecemos en sociedad.

Por lo tanto, toca desprenderse de lo que tiene recambio, pero jamás prescindir de los abrazos, las caricias, miradas… En definitiva, hablamos de personas.


Carmen Prada

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